Espectáculos
Camino a los Óscar: King Richard
Seguimos avanzando en el conteo final para la 94.ª edición de los premios de la Academia de Hollywood. Por eso, te invitamos a conocer otra de las diez películas nominadas que han dejado su marca en el 2021.
¿Cómo se transformaron Venus y Serena Williams en dos de las mejores tenistas de la historia y dos de las figuras de la cultura popular y deportiva más influyentes de las últimas décadas? La respuesta: Richard Williams, su padre. King Richard es otra de las nominadas a Mejor película, con una biopic que en un primer plano es un drama deportivo clásico, pero que en un segundo plano devela como su hilo conductor va más allá de la autosuperación que este subgénero tiene como base —quizás Rocky sea la representación máxima del mismo—, y se centra en cómo lograr un equilibrio entre una vida que es llevada bajo planificaciones metódicas y la imprevisibilidad de las emociones humanas que rompen con todo método.
El proyecto de Warner Bros. fue llevado a cabo por el guionista debutante Zach Baylin —quien ya ha sido contratado para guionar la tercera entrega de Creed—, y por el director Reinaldo Marcus Green. Este último, originario de Nueva York, creció con aspiraciones a convertirse en jugador profesional de las ligas mayores de béisbol, pero se sintió atraído al cine gracias a su hermano, el también director y productor Rashaad Ernesto Green. El cineasta busca abrirse paso en la industria desde que ganó el premio especial del jurado a la primera película destacada en el Festival de Cine de Sundance en 2018, con su ópera prima Monsters and Men, cinta que retrata la violencia institucional policíaca. Green, además, ya está trabajando en una cinta biográfica de Bob Marley para Paramount.
“El poder de la ficción es que nos permite cambiar la narrativa —diría en una entrevista sobre su cortometraje Stop (2015) aquel que lo puso en el circuito cinematográfico, que trataba también de la violencia policial—. Podemos dejar que la gente experimente el final feliz que no tenemos en la vida real. Déjalos ver cómo se siente eso para variar. Ese es el poder de la narración aquí. Nos permite romper este ciclo brutal de muerte violenta. El cine es una oportunidad para cambiar nuestro destino”. En este sentido, la visión de Green sobre llevar historias reales al cine para moldear un deseo de vida a partir de la ficción, dialoga muy bien con la mirada de Hollywood sobre la monetización de historias para crear grandes películas que sean la cara de las premiaciones. Y es que en definitiva, más allá del espectáculo, premiaciones como los Óscar son declaraciones casi políticas de la industria cinematográfica y la vida que busca establecer como sueños a alcanzar. La ficción es su herramienta. Es conocido el caso de los Óscar de 1977, donde Rocky, aquella historia de superación de Sylvester Stallone, ganó Mejor película con el fantasma de Taxi Driver detrás, una película completamente opuesta que hacía crítica del sueño americano y a una sociedad que consume a las personas. King Richard se presenta con ese paralelismo metatextual: la película narra la crianza y el entrenamiento de las hermanas Williams, y los métodos de su padre, Richard Williams, para convertirlas en dos de las deportistas más grandes de la historia. Pero más allá de este primer escalón en la sinopsis del filme, un segundo muestra la idea de la película sobre los valores humanos, sobre el trabajo, el esfuerzo y la superación que han marcado la narrativa de Hollywood desde su nacimiento.

El camino del héroe diría, Joseph Campbell. King Richard es el reflejo fiel de este tipo de relatos, en especial la de las hermanas de Venus y Serena Williams, realmente de película. Así, su historia es el reflejo perfecto de lo que toda persona con algún sueño quisiera alcanzar. Las Williams son sinónimo de un legado de grandeza.
Pero adentrémonos en la película. Sus primeros minutos van planteando toda su temática. Al contrario de lo que podría imaginarse, la cinta funciona como biografía de los inicios de las tenistas, aunque en realidad su protagonista principal es Richard Williams. Con el arranque del filme, lo vemos en canchas de tenis yendo con entrenadores adinerados tratando de convencerlos de entrenar a sus hijas. Para eso utiliza un speach que une dos de los pensamientos principales de Williams, y los dos puntos clave que generan una dicotomía en él y plantean la pregunta: ¿cuál es el verdadero motivo para entrenarlas tan estrictamente? El primero: ganar plata, buscar una salida para su familia. Williams plantea muy fríamente entre sonrisas que decidió tener dos hijos/as más (luego de tener una) para entrenarlas como deportistas profesionales, y que había elaborado un plan inclusive antes de que nacieran. “Sé lo que piensa: “Esta familia es del ghetto ¿cómo hará para pagarme?"", le dice a un entrenador. Minutos más tarde discute con su vecina quien lo regaña por hacer entrenar a las niñas bajo la lluvia. “Ellas trabajan tan duro como necesitan para mantenerse fuera de las calles”, dictamina. El segundo punto: el método como forma de ser los mejores, pero no solo en deportes, sino como seres humanos. Richard es un padre que todo el tiempo les da lecciones, frases motivacionales, reflexiones de la vida o de cómo manejarse en la calle y comportarse con los demás, y marcando al respeto y el esfuerzo como pilares fundamentales.
Pero ambas se dividen por un punto más profundo, su propio ego. “Estoy en el negocio de criar campeones. Tengo un libro sobre ello que saldrá pronto; tal vez le de una copia para su hija ¿Me recuerdas en qué esquina estaba trabajando?”, le dice a la misma vecina al inicio del filme. King Richard irá entre los tres temas. Las dos razones principales son las que Williams verbaliza siempre, pero el conflicto se enfoca en un tercer punto: su ego e inseguridades como catalizador. Si bien su confianza hace avanzar a sus hijas y las contagia de ese deseo de ganar y triunfar, muchas veces su ego se asoma sobrepasando límites. La película es el camino hacia ese equilibrio. “Cuando tenía su edad, tenía que pelear todos los días. Si no era el Ku Klux Klan o la policía o tipos blancos de otra ciudad, siempre había alguien golpeándome por algo. Y yo no tenía un padre que me defendiera. Este mundo no ha tenido nunca respeto por Richard Williams. Pero a ustedes las respetarán”, les dice a sus hijas camino a casa, con un primer plano en un Richard abatido físicamente. Pero el plano es fijo, y recién hacia el final cambia a la reacción de sus hijas. Green se enfoca en cómo todos estos discursos impactan en su protagonista.

La violencia en los barrios y racial que ocurría en esos años está presente en muchas escenas, aunque nunca toman protagonismo o resaltan mediante discursos expositivos. Para estos protagonistas es algo a lo que lastimosamente han tenido que acostumbrarse. De allí el esfuerzo sobrehumano de Richard para darles las herramientas a sus hijas para sobrevivir en la vida, pero también para separarse de la corrupción humana que hay dentro de aquel mundo que trata de alcanzar. Por eso, son varias veces donde lo vemos rechazar ofertas cuando sus hijas no eran siquiera profesionales. Para Richard, hay un camino a seguir. Que sus hijas les paguen solo por una imagen que aportará al consumismo de la industria deportiva, y que no sea por el esfuerzo real hecho y los resultados, es algo que no puede permitir. Y la película busca ese equilibrio, crear ese ideal de la vida. Aunque también se permite poner al propio ego de Richard como sombra. El ser humano es su constructor pero también su propio destructor.
Will Smith está en uno de sus mejores papeles, con una mezcla entre lo hecho en las dos películas que también le valieron nominaciones. Fusiona el hambre deportiva que representa en Ali (2002), cuando encarnaba al mítico boxeador Mohammed Ali, y también a la constante lucha personal y su rol como sostén de una familia como lo hecho en En búsqueda de la felicidad (2006). En King Richard funciona como protagonista, pero también como su propio antagonista, llevando gran parte del peso dramático en sus hombros; casi en una manera literal, debido a su forma de caminar y su postura encorvada (tal como el real Richard Williams), como si toda una responsabilidad le pesara detrás, una autoexigencia que parece superarlo detrás de una capa de personalidad dura. Aunque no debemos dejar de resaltar también el personaje de Aunjanue Ellis, Oracene, madre de las Williams, quien cumple un rol de sostén emocional tanto de Richard como de la familia en general. Varias son las escenas donde Ellis se come la pantalla, sobrepasando inclusive al propio Smith.
King Richard funciona con un guión muy sólido como una biopic en la superficie, pero que en realidad es una exploración de los métodos de enseñanza y de cómo los discursos del esfuerzo pueden impactar en las personas, muchas veces de forma positiva pero con costos emocionales que parece no todo el mundo está preparado para llevarlos a cabo. En este sentido, la cinta profundiza en estas cuestiones, tan características del mundo deportivo, de tal manera que a veces sobrepasa a las propias convenciones del cine sobre deportes. Gran parte de la película no tiene el punto de vista puesto en la preparación de ambas tenistas, o al menos no es lo que termina movilizando el drama. Son los últimos veinte minutos donde la película se vuelca al fin a una película deportiva clásica, con el primer partido profesional de Venus. Pero toda la carga emocional que viven los personajes, se sustenta en lo construído anteriormente. Venus se juega su confianza, el peso de si aquel relato que su padre le ha inculcado desde pequeña es real, de que ella es la mejor tenista y tiene el triunfo marcado en su destino. Y Richard se juega su propio ego, su miedo a fracasar en pos de estar allí para su familia. En fin, una película deportiva de autosuperación, sin tener al deporte como protagonista fundamental.

King Richard es el método en un doble sentido: el método para el triunfo en la vida y el sueño americano, y el método de Hollywood para hacer películas emocionales que busquen impactar en su público. Es que los sueños son difíciles de alcanzar, y mucho más si el contexto no es adecuado en un mundo desigual. King Richard no decide si irse hacia conservar la ficción del esfuerzo como único camino para alcanzar los sueños, o detenerse a criticar esas desigualdades que hacen que muchos tengan que hacer uno sobrehumano para lograrlo. En definitiva, King Richard es el reflejo de esa disyuntiva donde la ficción tiene el poder de llevarnos hacia ese final ideal.