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La pizarra del 'Cacique': las claves tácticas del Maracanazo de Estudiantes

La pizarra del 'Cacique': las claves tácticas del Maracanazo de Estudiantes
Ju Fux
23 Oct, 2026

El Pincha jugó casi todo el segundo tiempo en inferioridad numérica, cedió la pelota y soportó la presión de Flamengo sin perder el orden. La actuación de Muslera fue decisiva, pero la clasificación también se construyó desde el funcionamiento colectivo.

Estudiantes consiguió en el Maracaná una clasificación que quedará entre las grandes noches de su historia. Después del 0-0 en La Plata, repitió el resultado en Río de Janeiro, aguantó con diez jugadores durante casi todo el segundo tiempo y terminó imponiéndose 3-2 en los penales para meterse en la final de la Copa Libertadores.

La imagen que recorrió el mundo fue la de Fernando Muslera atajando tres remates en la definición. Sin embargo, para entender cómo el equipo de Alexander Medina llegó hasta esa instancia, hay que mirar también lo que sucedió durante los 90 minutos: Estudiantes tuvo que modificar su plan, defender durante largos pasajes y resistir ante un Flamengo que dispuso de la pelota, pero no consiguió traducir ese dominio en goles.

La expulsión que cambió el partido

El primer tiempo había mostrado a un Estudiantes capaz de discutirle el partido al conjunto brasileño. El equipo platense encontró espacios para atacar y estuvo cerca de abrir el marcador con un remate de Baltasar Rodríguez que dio en el palo, después de una intervención del arquero Agustín Rossi.

Flamengo también tuvo sus oportunidades, con Pedro como una de sus principales referencias ofensivas. Pero el encuentro todavía se jugaba en un escenario relativamente equilibrado.

El panorama cambió al comienzo del complemento. Baltasar Rodríguez recibió su segunda tarjeta amarilla por una infracción sobre Samuel Lino y dejó al Pincha con diez futbolistas cuando todavía quedaba prácticamente toda la segunda mitad por delante.

Desde ese momento, el partido planteó un desafío diferente. Estudiantes ya no podía sostener el mismo despliegue ni repartir sus esfuerzos de la misma manera. Debía proteger el empate, administrar la energía y evitar que la superioridad numérica de Flamengo se transformara en situaciones claras de gol.

Tener menos la pelota, pero no perder el control

Con un jugador más, Flamengo se adueñó del balón y adelantó sus posiciones. El equipo brasileño comenzó a mover la pelota en campo rival, buscando los espacios que pudieran aparecer en una defensa obligada a cubrir más terreno con menos futbolistas.

Estudiantes respondió cerrando los caminos hacia su arco. El equipo se replegó, achicó los espacios interiores y obligó al local a buscar alternativas frente a una última línea que resistió durante los minutos más exigentes de la noche.

La diferencia entre tener la pelota y controlar un partido quedó expuesta en ese tramo. Flamengo acumuló posesión, pero le costó encontrar pases que rompieran la estructura defensiva del Pincha. El conjunto conducido por el 'Cacique' Medina, en cambio, aceptó jugar lejos del arco rival y concentró sus esfuerzos en impedir que el adversario encontrara una ocasión decisiva.

No fue una defensa sin sufrimiento. El local tuvo aproximaciones peligrosas y obligó a intervenir a Muslera, además de generar preocupación con los envíos al área. Pero Estudiantes logró atravesar buena parte del complemento sin que la presión se tradujera en el gol que necesitaba Flamengo.

Los cambios también fueron parte de la resistencia

La respuesta de los entrenadores mostró dos necesidades diferentes. Leonardo Jardim buscó sumar variantes ofensivas para aprovechar el hombre de más, con los ingresos de Giorgian De Arrascaeta, Bruno Henrique y Gonzalo Plata, entre otros movimientos.

Medina, por su parte, recurrió a los cambios para renovar energías y sostener la estructura del equipo. Tomás Palacios ingresó por Marcos Rojo, mientras que Edwuin Cetré y Adolfo Gaich reemplazaron a futbolistas de ataque. En el tramo final también entró José Sosa por Alexis Castro.

La intención era sostener el esfuerzo defensivo sin renunciar por completo a la posibilidad de salir de contraataque. En partidos de esta exigencia, cada sustitución debe responder a una necesidad concreta: cubrir espacios, disputar los balones divididos, ofrecer una salida o darle aire a un compañero que lleva muchos minutos corriendo detrás de la pelota.

Estudiantes llegó al cierre con el empate intacto. Y eso, frente a un rival con la obligación de ganar y un jugador más, fue parte central de su mérito.

Muslera fue decisivo, pero no estuvo solo

En los últimos minutos, Flamengo intensificó la búsqueda. Una de las ocasiones más claras llegó con un cabezazo de Gonzalo Plata, tras una combinación con Lucas Paquetá, que encontró la respuesta de Muslera. El arquero también respondió ante otro envío aéreo de Paquetá que pasó muy cerca del travesaño.

Esas intervenciones fueron fundamentales para llevar la serie a los penales. Allí, el uruguayo completó una actuación extraordinaria: detuvo los remates de Jorginho, Lucas Paquetá y Bruno Henrique, y Estudiantes ganó la definición por 3-2.

Pero la actuación del arquero no debería ocultar el trabajo del resto del equipo. Los despejes, las coberturas, las marcas y la concentración colectiva permitieron que el partido llegara vivo hasta el final. Muslera terminó de resolver una historia que sus compañeros habían conseguido sostener durante buena parte del segundo tiempo.

Después del encuentro, Leandro González Pírez resumió la sensación del plantel en declaraciones a la prensa: “La realidad es que tuvieron el control pero no sufrimos, lo tuvimos controlado. Pusimos mucho huevo, garra y corazón como manda la historia del club”.

La frase refleja la convicción con la que Estudiantes interpretó el partido, aunque el desarrollo también dejó momentos de peligro que exigieron respuestas individuales y colectivas.

La diferencia entre resistir y quedar a merced del rival

Jugar con diez futbolistas durante casi todo un tiempo obliga a elegir. Estudiantes tuvo que renunciar a parte de su iniciativa, proteger su área y reducir los espacios disponibles para un Flamengo que buscaba resolver la serie en su cancha.

La clave estuvo en que ese repliegue no se convirtió en una espera desorganizada. El equipo mantuvo la concentración, se sostuvo en sus defensores y en Muslera y logró atravesar la presión sin conceder el gol que habría terminado con su sueño.

La clasificación no se explica únicamente por una cuestión táctica: también hubo esfuerzo físico, carácter y eficacia en la definición. Pero el funcionamiento defensivo fue el puente entre la expulsión de Baltasar Rodríguez y los penales.

Estudiantes llegó al Maracaná para disputar una semifinal y terminó afrontando una prueba límite. Con menos jugadores, menos posesión y un rival que buscó hasta el final, encontró la manera de sostener el empate. Después, desde los doce pasos, hizo el resto.

Ahora lo espera Palmeiras, el 28 de noviembre en el estadio Centenario de Montevideo. La final será otro partido, con otra historia y otras exigencias. Pero el Pincha llega con una certeza reforzada en Río de Janeiro: cuando el contexto lo obliga a cambiar el plan, también sabe hacer del pragmatismo un arte.

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