Punto capital
El Lobizón del arroyo El Gato: la leyenda que mantuvo en vilo a los vecinos de Ringuelet
En la memoria del barrio quedó la historia de una criatura gigantesca que merodeaba los gallineros, escapaba por la vera del arroyo y aparecía cerca de las vías del tren. Los relatos llegaron hasta las páginas de los diarios y alimentaron durante años el misterio de una de las leyendas más inquietantes de La Plata.
En Ringuelet, hubo una época en la que las mañanas empezaban con una pregunta. Cuando el diariero llegaba al barrio, algunos vecinos esperaban las noticias con una inquietud particular: querían saber si el Lobizón del Arroyo El Gato había vuelto a aparecer.
La historia hablaba de una bestia que se movía entre los matorrales, acechaba los gallineros y desaparecía en las inmediaciones del arroyo. Para quienes aseguraban haberla visto, no se trataba de un simple animal perdido ni de un perro vagabundo. Era una criatura enorme, aterradora, capaz de sembrar el miedo en las noches del barrio.
Con el paso del tiempo, los relatos se multiplicaron y el supuesto Lobizón se convirtió en uno de esos misterios que pasan de boca en boca, sobreviven a las generaciones y terminan formando parte de la identidad de un lugar.
Una criatura entre los gallineros y el arroyo
Los relatos que se remontan a la década de 1950 ubican los episodios más inquietantes en las inmediaciones del Arroyo El Gato. Según esas versiones, la criatura atacaba gallineros y después escapaba bordeando el curso de agua, aprovechando la oscuridad y la vegetación de la zona para desaparecer sin dejarse alcanzar.
Entre los puntos señalados en las historias aparece la calle 2, donde se habrían registrado avistamientos que alimentaron el temor de los vecinos.
La escena parece salida de una película de terror: casas todavía rodeadas de terrenos abiertos, gallineros expuestos a la oscuridad y un arroyo cuyas orillas podían convertirse, después del anochecer, en el escenario perfecto para alimentar cualquier pesadilla.
En ese contexto, cada ruido extraño podía despertar sospechas. Y cada nueva versión del encuentro con la bestia agregaba un detalle a una historia que rápidamente trascendió los límites de Ringuelet y se hizo conocida en toda la ciudad.
El relato de una bestia gigantesca sobre las vías
Uno de los testimonios más llamativos vinculados con el caso fue el del periodista Poroto Gil, una figura histórica de la crónica policial platense.
Gil publicó contenido sobre la aparición de una "terrorífica y gigantesca bestia" que habría sido vista sobre un puente ferroviario de Ringuelet. Dicha descripción reforzó la idea de que se trataba de una criatura descomunal y acrecentó el boca en boca.
La historia sumaba así otro escenario a su recorrido. El arroyo, los terrenos con vegetación de esa zona de la ciudad y el puente ferroviario quedaban unidos por un mismo protagonista: una criatura que aparecía y desaparecía, sin que los vecinos consiguieran despejar el misterio.
En las versiones que circularon por el barrio, las noches de luna llena adquirieron un significado especial. La posibilidad de que la bestia regresara mantenía viva la expectativa de la comunidad.
Una leyenda que sobrevivió al paso del tiempo
Aunque las décadas fueron pasando, el Lobizón de Ringuelet no desapareció del recuerdo colectivo. Investigaciones académicas sobre relatos urbanos de La Plata también recuperaron la persistencia de esta historia y la manera en que el barrio mantuvo viva la imagen de una criatura que aparecía entre los matorrales de la vera del arroyo.
Como ocurre con tantas leyendas urbanas, los testimonios se mezclaron con los recuerdos y las versiones transmitidas entre vecinos. El relato original fue sumando detalles, escenarios y nuevas interpretaciones, pero conservó sus elementos más inquietantes: una bestia gigantesca, las noches de oscuridad, los gallineros atacados y el arroyo como refugio.
¿Existió realmente aquel Lobizón? Quizás, después de tantos años, esa ya no sea la pregunta más importante. Porque, más allá de que aquella bestia haya existido o no, el Lobizón del Arroyo El Gato consiguió algo que pocos misterios logran: instalarse en la memoria de todo un barrio y convertir un rincón cotidiano de La Plata en territorio de leyenda.
Y es que hay historias que sobreviven mucho más allá de las pruebas que puedan sostenerlas. En Ringuelet, la del Lobizón es una de ellas. Porque, cuando cae la noche y el arroyo vuelve a quedar en silencio, la siempre queda lugar para una última pregunta: ¿y si aquella criatura vuelve a aparecer?