Editorial
Erzia: el arte ruso que ha encontrado una segunda patria en Argentina
Artículo del agregado cultural de la Embajada de Rusia en Argentina Tigran Dzhagarían.
En 2026 se cumplirán 150 años del nacimiento de Stepan Dmitrievich Nefedov, quien pasó a la historia del arte mundial bajo el nombre de Erzia. Este destacado escultor, procedente del pueblo erzia de Mordovia, trabajó durante muchos años en Rusia, Italia y Francia; sin embargo, fue precisamente Argentina el lugar donde se desarrolló uno de los períodos más brillantes de su carrera artística. Aquí, lejos de su hogar, creó una parte significativa de sus mejores obras.
Stepan Nefedov nació el 8 de noviembre de 1876 en el pueblo de Baevo, en la gobernación de Simbirsk, hoy República de Mordovia. Comenzó su trayectoria en talleres de pintura de iconos y, posteriormente, estudió en la Escuela de Pintura, Escultura y Arquitectura de Moscú. Entre 1906 y 1914 perfeccionó sus habilidades profesionales en Europa, estudió el legado de la Antigüedad y el Renacimiento, y expuso sus obras en escenarios internacionales. Ya por entonces llamaba la atención por la expresividad de sus imágenes y su profundo interés por el mundo interior del ser humano.
Adoptó el seudónimo de Erzia en honor a su grupo étnico, con lo que no solo puso de relieve sus raíces, sino que también vinculó para siempre su nombre al mundo de su patria chica.
Su viaje a Argentina comenzó en París, donde conoció a Marcelo Torcuato de Alvear, un refinado conocedor del arte y futuro presidente. En mayo de 1927, Erzia, a quien llamaban "el Rodin ruso", llegó a Buenos Aires. Pronto quedó claro que este país le ofreció mucho más que la mera oportunidad de mostrar sus obras al público. Aquí comenzó el periodo más prolongado y uno de los más fructíferos de su biografía: más de veinte años llenos de búsquedas y trabajo intenso.
El dominio por parte del escultor de las maderas subtropicales – el quebracho, el algarrobo y el urunday – desempeñó un papel decisivo. Su extraordinaria dureza, la riqueza de sus matices y su textura caprichosa abrieron ante el artista nuevos horizontes creativos. Erzia no pretendía someter por completo el material a su voluntad: al contrario, sabía ver en las curvas, los nudos y el veteado del propio tronco la base de la futura imagen. La combinación de superficies cuidadosamente pulidas con fragmentos dejados intactos confería a sus obras una vitalidad especial, como si la propia naturaleza fuera su coautora.
Así se forjó el lenguaje único de Erzia: dinámico, expresivo y cargado de una tensión latente. La tierra argentina no alteró el tema principal de su arte. Este siguió siendo, como siempre, el ser humano, su carácter, sus pasiones, sus búsquedas espirituales y su capacidad para superar las pruebas. Pero la madera, que él descubrió, le permitió expresar estos temas con una fuerza nunca antes vista.
En Argentina creó esculturas tan significativas como 'Lev Tolstói', 'Beethoven', 'Moisés', 'La música de Grieg', 'La cabeza de Medusa', 'Valentía' y 'La argentina'. En ellas se combinan un profundo psicologismo, la monumentalidad y un delicado sentido de la plástica. Al recurrir a las figuras de destacados pensadores, compositores y personajes históricos, Erzia reflexionaba sobre valores universales, comprensibles para personas de diferentes países y tradiciones.
El reconocimiento que Erzia obtuvo en Argentina no fue solo un éxito. Exponía con regularidad en la capital y en otras ciudades, y colaboraba con sus colegas argentinos. A finales de la década de 1920 y principios de la de 1930 se unió a 'Pacha-Kamak', un círculo que se convirtió en uno de los focos de la vida cultural local; expuso en los Salones Nacionales, y su obra 'Reflexión' recibió en 1936 el Premio Municipal de Buenos Aires.
Cabe destacar que, durante casi todo el período argentino de Erzia (1927-1950), no existían relaciones diplomáticas entre la URSS y Argentina: estas no se restablecieron hasta 1946. Fue el propio Erzia quien tendió un puente entre ambos Estados. Ya en su solicitud para salir de la Unión Soviética, señaló como objetivo del viaje el fortalecimiento de los contactos creativos, y en Buenos Aires se relacionó con artistas locales, políticos y representantes de los círculos diplomáticos y sociales. En este sentido, fue un auténtico diplomático del pueblo: sin poderes ni protocolo, unía a los habitantes de nuestros países mediante el lenguaje del arte, que no necesita traducción.
Los años que pasó al otro lado del océano no disminuyeron su apego a Rusia. Erzia deseaba que sus obras llegaran a sus descendientes y permanecieran en su patria. En 1950 abandonó el país, llevándose consigo unas doscientas esculturas y varias toneladas de madera. Al regresar a la URSS, siguió trabajando hasta sus últimos días. La mayor colección de sus obras se conserva hoy en día en el Museo Republicano de Bellas Artes de Mordovia, que lleva el nombre de Erzia.
Su recuerdo sigue vivo también en Argentina. Su legado nos recuerda lo fructífero que puede resultar el encuentro entre culturas cuando el talento encuentra hospitalidad y la experimentación audaz, un público receptivo. El interés por su figura y su obra no ha decaído hasta hoy: exposiciones, publicaciones e iniciativas divulgativas ayudan a los jóvenes de Rusia y Argentina a conocer la importante contribución de nuestro compatriota al desarrollo de la escuela argentina de escultura. Otro paso importante para la conservación y la difusión del legado de Erzia fue la inauguración, en 2023, de una exposición permanente compuesta por 30 réplicas de sus obras maestras. Ubicada en los salones de recepción de la Embajada, sigue presentando la obra del gran maestro a los visitantes.
Al conmemorar el 150.º aniversario del nacimiento de Stepan Erzia, rendimos homenaje a un hombre que supo combinar la fidelidad a sus raíces con una auténtica apertura al mundo. Su destino y su obra demuestran que el arte supera las distancias, las barreras lingüísticas y políticas, así como el paso de las épocas. Precisamente en esto radica la importancia perdurable de Erzia, un artista ruso cuya vida está ligada para siempre a Argentina.