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Especies nativas y patrimonio verde: la UNLP reflexiona sobre el arbolado público platense
En el marco del Día del Árbol, que se celebró el pasado 29 de agosto, la Universidad Nacional de La Plata difundió un informe especial sobre la importancia de las especies nativas en el arbolado urbano de la ciudad.
El trabajo fue elaborado por la Secretaría de Ambiente y Conservación de los Recursos Naturales y escrito por el investigador Gustavo Delucchi, con el objetivo de sensibilizar a la comunidad sobre la protección del patrimonio arbóreo y la necesidad de promover prácticas sostenibles.
El informe recuerda que los árboles no sólo embellecen los espacios públicos, sino que cumplen funciones esenciales para la vida humana y el equilibrio ambiental: regulan el clima, capturan carbono, producen oxígeno y contribuyen a conservar el suelo y el agua. En el caso de La Plata, el arbolado urbano conforma un verdadero “bosque urbano” que forma parte de la identidad de la ciudad.
De los talares al ceibo: historia de un patrimonio
Antes de la fundación de la ciudad, en 1882, la región estaba poblada por formaciones vegetales como los talares y los bosques ribereños de Punta Lara. Allí crecían especies autóctonas como el tala, el coronillo, el ombú, el sauce criollo y el ceibo, entre otras. Varias de ellas lograron sobrevivir a la urbanización y aún pueden encontrarse en plazas y parques como el Paseo del Bosque o el Parque Pereyra Iraola.

Con el tiempo, se sumaron otras especies nativas de distintas regiones del país, como el jacarandá, la tipa y los palos borrachos, que transformaron la fisonomía de avenidas, diagonales y ramblas platenses. En décadas recientes, se incorporaron también los lapachos y el guarán amarillo, que con sus floraciones intensas se volvieron parte del paisaje urbano.
Un desafío a futuro
Delucchi remarca que, aunque resulta difícil pensar en un arbolado 100% nativo en contextos urbanos, la historia de La Plata muestra una tendencia creciente hacia la incorporación de especies autóctonas. Esto permite proyectar una ciudad donde el arbolado refleje más claramente la identidad ecológica regional, aportando beneficios ambientales y sociales a las futuras generaciones.
“La preservación del patrimonio arbóreo es también la preservación de nuestra identidad como ciudad”, sostienen desde la Secretaría de Ambiente de la UNLP, en línea con su compromiso de generar conciencia sobre la necesidad de proteger y ampliar los espacios verdes.