Deportes
Falleció Miguel Ubaldo Ignomiriello, el maestro platense que revolucionó la formación de futbolistas
Tenía 99 años. Entrenador, formador y docente, fue una figura fundamental en la transformación de las divisiones inferiores de Estudiantes de La Plata y uno de los grandes referentes de la formación integral en el fútbol argentino. Su legado atravesó generaciones y fronteras.
Por Luciano Neder
La Plata despide a uno de sus grandes maestros del fútbol. Miguel Ubaldo Ignomiriello murió a los 99 años y dejó detrás de sí una trayectoria de más de seis décadas dedicada a una idea que convirtió en bandera: formar futbolistas, pero también formar personas.
Nacido en La Plata en 1927, Ignomiriello fue mucho más que un entrenador. Fue formador, educador, creador de estructuras deportivas y un verdadero adelantado a su tiempo. Su nombre quedó asociado para siempre a la historia del fútbol platense, particularmente a Estudiantes de La Plata, pero su influencia se extendió por clubes de todo el país y también por distintos puntos de Sudamérica.
Nieto de inmigrantes italianos y criado en una familia trabajadora, desde muy joven estuvo vinculado al deporte. Practicó rugby, atletismo y boxeo, aunque fue el fútbol el que terminaría convirtiéndose en el centro de una vida marcada por la enseñanza.
A los 16 años comenzó su recorrido en Gimnasia y Esgrima La Plata. Allí dio sus primeros pasos en la formación de juveniles, comenzando con una Pre Novena y atravesando posteriormente distintas categorías. Aquella experiencia inicial sería el punto de partida de una carrera que se prolongaría durante décadas.
Su nombre alcanzó una dimensión especial en Estudiantes de La Plata. Entre 1963 y 1966 encabezó una profunda transformación de las divisiones inferiores del club y puso en práctica una concepción de formación que para aquellos años resultaba absolutamente innovadora.
Ignomiriello entendía que el jugador debía ser preparado en todos los aspectos de su vida. No alcanzaba con enseñarle a jugar al fútbol: había que acompañarlo en su educación, cuidar su salud, prepararlo físicamente, brindarle herramientas psicológicas y enseñarle también a desenvolverse fuera de la cancha.
De ese trabajo surgió la histórica "Tercera que Mata", una camada extraordinaria de futbolistas que se convirtió en el semillero de buena parte del Estudiantes que, años después, alcanzaría la gloria continental y mundial bajo la conducción de Osvaldo Zubeldía, a quien él eligió personalmente ante una consulta de Mariano Mangano sobre quien deberia agarrar las riendas del primer equipo albirrojo.
Su metodología anticipó conceptos que con el paso de los años se volverían habituales en las grandes estructuras del fútbol profesional. Seguimiento educativo, atención médica, preparación física específica, acompañamiento psicológico y formación integral fueron algunos de los pilares de una filosofía que Ignomiriello sostuvo mucho antes de que esas prácticas se incorporaran de manera sistemática a las instituciones deportivas.
La influencia de Ignomiriello no quedó limitada a Estudiantes ni a la ciudad que lo vio nacer.A lo largo de su extensa carrera trabajó en clubes como Rosario Central, San Lorenzo, Independiente, Nacional de Montevideo, Bolívar, Emelec, Chacarita, Douglas Haig, Vélez, Unión y Defensores de Cambaceres, entre muchos otros.
También tuvo participación en estructuras de la Selección Argentina y fue uno de los protagonistas de una de las historias más particulares del fútbol argentino: la denominada "Selección Fantasma", el equipo que se preparó especialmente para afrontar la altura y que consiguió una histórica victoria ante Bolivia en La Paz durante las Eliminatorias para el Mundial de Alemania 1974.
Pero su aporte excedió nuevamente lo estrictamente deportivo. Ignomiriello participó en la creación y organización de estructuras juveniles, colaboró en proyectos institucionales y llevó sus conocimientos a otros países de Sudamérica.
Entre sus trabajos también aparecen proyectos como Filanbanco de Ecuador y La Plata FC, siempre con la misma obsesión: construir espacios capaces de desarrollar deportistas desde una mirada integral.
Para Ignomiriello, el fútbol nunca fue solamente un resultado. Su verdadera preocupación estaba en el proceso. En el aprendizaje. En la disciplina. En los valores. En la posibilidad de que un joven que ingresara a una cancha pudiera salir de ella siendo también una mejor persona.
Esa concepción explica por qué su figura trascendió a los futbolistas que dirigió. Generaciones de jugadores y entrenadores encontraron en él una referencia y una fuente de conocimiento. Su legado no se mide únicamente en títulos, partidos o nombres propios. Se encuentra también en las estructuras de formación que ayudó a construir y en una idea de fútbol que hoy forma parte del lenguaje habitual de las instituciones profesionales.
En 2025, La Plata reconoció su trayectoria y lo distinguió como Ciudadano Ilustre, en un homenaje que sintetizó el vínculo entre el maestro y la ciudad a la que dedicó buena parte de su vida.
Miguel Ubaldo Ignomiriello falleció después de atravesar casi un siglo de historia argentina y más de seis décadas vinculadas al fútbol.
Se va uno de los grandes formadores de la historia del deporte nacional. Un hombre que entendió antes que muchos que detrás de cada jugador había una persona y que el talento, sin educación, disciplina y valores, podía quedar incompleto.
Su nombre quedará unido para siempre a La Plata, a sus clubes y, especialmente, a Estudiantes, donde su trabajo en las divisiones inferiores marcó una época.