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Horacio Ungaro y como decirle “Jaque Mate” al olvido

Horacio Ungaro y como decirle “Jaque Mate” al olvido
Leonel Sánchez Alpino
24 Mar, 2026

Por Luciano Neder.

Corre el año 1984 y Olga Ferdman sale rápidamente de su oficina en el Ministerio de Economía de la Provincia de Buenos Aires a paso firme. Al día siguiente, como todos los jueves desde hace siete años, debera realizar la ronda en Plaza San Martín para pedir por el paradero de su nene más chico, Horacio, desaparecido el 16 de septiembre de 1976, pero no llegará a la manifestación pacífica: en un siniestro vial, un colectivo la atropelló y ella nunca más volvera a verlo o saber si se hizo justicia.

Es un frío sábado de 1975 en la sede social del Club Estudiantes de La Plata, ubicada en calle 53 y avenida 7, el socio 119492 juega al ajedrez en el club de sus amores. A los 16 años, Horacio Ungaro divide su tiempo entre la actividad deportiva de la institución y colaborando en la Unión de Estudiantes Secundarios, influenciado por la “Masacre de Trelew”, donde daba apoyo escolar y alfabetización en los barrios carenciados detrás del bosque de la ciudad, sin que eso interfiera con sus estudios en el Colegio Normal 3 y su entrañable relación con Valeria. Valeria era su perra y fue su amada compañia desde los 10 años, cuando la trajo a las diagonales desde Valeria del Mar, y lo acompañaba por todos los rincones de la casa, las calles y se quedaba su lado incluso en sus lecturas o prácticas de ajedrez, aquel deporte que practicaba desde los cinco años.

Apodado el “Nene”, era el menor de los cuatro hijos (Luis, Marta y Nora) de Alfredo y Olga, una pareja que se conoció en la comisión de “Socorro Rojo”, una de las últimas estructuras de solidaridad a para con la guerra civil española, y ambos militaban en el Partido Comunista, criando bajo esas ideas a su descendencia. La política atravesaba la familia Ungaro en su casa de Villa Castells, así como el “Pincha” gracias a los Ferdman, socios desde las primeras épocas. Tal era la vida política, que las reuniones en el hogar, escalaban a discusiones cuando el primogénito Luis, rompió con la afiliación al “comunismo” empezando a traer ideas del “Peronismo” a la mesa; una de las hermanas mujeres, Marta, militante del partido comunista y estudiante de la Facultad de Medicina, contó con una suspensión de por vida de parte del gobierno de Ongania para estudiar en cualquier universidad del país hasta 1971, y por su militancia, en el estallido del “Rodrigazo” debió escapar hacia la autopista Buenos Aires-La Plata cuando la brigada de investigaciones la fue a buscar una noche lluviosa de marzo a Villa Castells.

En esa vida familiar, creció Horacio, y más allá de las lecturas típicas de la época como “Las Aventuras de Sandokán” y “La Vuelta al mundo en 80 días”, empezó a andar con un libro de José Ingenieros por toda la casa, armando debates sobre las ideas que florecian en aquellos tiempos. Siguiendo a su hermano mayor, y también viendo la realidad de las villas miserias donde ayudaba, decidió poner el cuerpo a la militancia en la U.E.S, y comprendiendo al “Peronismo”, gracias al acercamiento de Mabel Aguilar, como un movimiento nacional con la capacidad de transformar Argentina, con Evita como bandera pero también con el “Che”.

Atravesado por la la vida real, su familia, el Estudiantes de Zubeldía, la vuelta de Perón al país, las tragedias que se iban sucediendo en tiempos de falsa democracia, y una juventud ferviente de revolución como de primavera, el 5 de septiembre de 1975, Horacio participa en una de las primeras filas en una marcha que termina con represión de la infantería, por la implementación del boleto estudiantil con consignas que van contra el ministro de educación, López Rega, Isabelita, la Concentración Nacional Universitaria, y la Alianza Anticomunista Argentina, que ya opera siniestramente en la ciudad. A los pocos días, el Concejo Deliberante aprueba la creación del boleto secundario, ñero la victoria dura poco. La represión paraestatal, todos los días acribillaba a un militante, actuando con una barbarie incontrolable, y como un crudo adelanto del horror que vendría, una grupo de la Policía Federal y Fuerzas del ejército nucleadas en la CNU, la madrugada de la nochebuena de ese mismo año secuestraron en su hogar en Barrio Puente de Fierro a Patulo Ravale, responsable de la UES con tan solo 19 años y lo asesinaron brutalmente a balazos, colgando su cuerpo en el puente ferroviario que dan nombre al barrio, en un acto de impunidad.
La muerte de Patulo golpeó duramente a Horacio, con quien meses antes sufrió la muerte de la “Negrita” Aguilar, asesinada junto a un compañero cuando iba a buscar una bandera argentina para el velorio de otro pibe que paso por las armas paraestatales, apareciendo su cuerpo el 14 de marzo de 1975 en la desembocadura de Arroyo del Gato, Punta Lara.

Ya era de noche en Barrio Hipódromo aquel 15 de septiembre del ‘76 , y mientras Horacio y su amigo Daniel Racero fuman y pintan los guardapolvos blancos para la celebración del día de la primavera, el aire se vuelve espeso y discuten la suspensión de la ley del boleto secundario y la inconmensurable cifra de desaparecidos en nuestra ciudad. Ese fin de semana, el “Nene” planeaba ir a ver debutar por el Torneo Nacional a su amado Estudiantes ante Racing en el Jorge Luis Hirschi. Pero no podra ir a la cancha. Nunca más pudo ir.

En el marco del operativo llevado a cabo por la policía bonaerense, liderado por Ramón Camps y conocido como “La Noche de los Lápices”, Horacio y Daniel fueron secuestrados en esa misma madrugada a la vez que los jóvenes Claudia Falcone, Claudio de Acha, Francisco López Muntaner y María Clara Ciocchini. Días después, también fueron secuestrados Gustavo Calotti, Emilce Moler, Patricia Miranda y Pablo Díaz.
Horacio fue traslado el 23 de septiembre a Banfield, a los centros de detención y torturas conocidos como “Destacamento de Arana”, primero, y luego al “Pozo de Banfield”.

Ante la desaparición forzada, la familia no tuvo otro sentido de vida que su búsqueda y tanto Olga, como Nora y Marta, se suman junto a Melva Méndez (madre de Claudia Falcone), a tramitar los Habeas Corpus para todas las familias que compartían el doloroso terror de no tener un miembro, y como ningún abogado quería ser asesinado como pasó con sus colegas Sergio Karakachof y Domingo Teruggi, el pedido formal de la garantía constitucional lo firmó Alfredo. Diez días más tarde, cuando Nora visita al juzgado en busca de novedades, es detenida y por 15 días, pasando por todos los lugares donde estuvo su hermano, antes de ser liberada sin siquiera saber si llegó a compartir espacio con él. Al día de hoy, Horacio continúa desaparecido.

Sobre la mesa de la casa en la calle 116 n° 542 5° aquella madrugada quedó el guardapolvo con el ojo de Guernica por la mitad y debajo de la cama, asustada y temblando, quedó una sola testigo. Valeria. Nora y Marta se quedaron cuidando el departamento esperando la vuelta de su hermano, y durante las madrugadas, por el miedo a la situación vivida, Valeria ladraba desesperada cuando escuchaba al repartidor de diarios pasar, despertandolas. Valeria nunca más pudo ver a su dueño. Nunca más.

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