Sociedad
Invasión de hormigas voladoras: qué está pasando en el AMBA
La escena se repite en grupos de WhatsApp y redes sociales: videos de hormigas con alas cubriendo patios, terrazas y frentes de casas en distintos puntos del Área Metropolitana de Buenos Aires.
Vecinos de barrios como Villa Urquiza, Palermo, Belgrano, Villa Luro y zonas del conurbano como Lomas de Zamora y La Matanza hablan de “plaga” y se preguntan qué está pasando. Aunque el fenómeno impresiona, especialistas explican que se trata de un proceso natural del ciclo de vida de estos insectos y que no representa un riesgo para la salud.
Según la entomología, lo que se está viendo es el llamado “vuelo nupcial”: una etapa de reproducción en la que machos y hembras fértiles abandonan el hormiguero, salen en enjambre, se aparean en el aire y luego caen al suelo. Los machos mueren poco después, mientras que las hembras fecundadas pierden las alas, excavan un pequeño túnel y se transforman en reinas que darán origen a nuevas colonias. Este evento suele darse entre fines de primavera y comienzos de verano, cuando se combinan días muy cálidos con alta humedad.
Por eso, en muchos patios y veredas se observan no solo hormigas voladoras en movimiento, sino también gran cantidad de insectos muertos. Lejos de ser un síntoma de envenenamiento o fumigación masiva, es parte del final de este ciclo reproductivo. Se trata de un comportamiento clave para la especie, que le permite expandirse y garantizar la continuidad de los hormigueros.
Las condiciones que favorecen estas apariciones son bastante claras: temperaturas elevadas, humedad ambiente alta, presencia de grietas, pisos levantados o huecos donde puedan instalar nidos, y restos de alimentos –sobre todo dulces– sin resguardar. Por eso, además de la cuestión climática, es importante mantener limpios balcones, patios y cocinas, y sellar posibles entradas.
Quienes quieran reducir la presencia de hormigas voladoras en sus casas pueden recurrir a algunos métodos caseros. Una mezcla de vinagre blanco y agua pulverizada en marcos de puertas y ventanas ayuda a borrar los rastros químicos que dejan las hormigas. También se puede usar limón con bicarbonato disuelto en agua para rociar zonas de paso, o detergente diluido aplicado directamente sobre los insectos. Las clásicas trampas con miel o azúcar líquida en pequeños recipientes atraen y retienen a muchas de ellas, y la tierra de diatomeas –un polvo mineral de baja toxicidad para personas y mascotas– se puede espolvorear en bordes del piso y rincones estratégicos para cortar el acceso.
En síntesis, lo que muchos vecinos percibieron como una invasión inédita es, en realidad, un fenómeno biológico cíclico que se repite cada año con mayor o menor intensidad. El calor, la humedad y las condiciones urbanas hacen que el espectáculo sea más visible en ciudades densamente pobladas como las del AMBA.