Editorial

La condena de no animarse a discutir

La condena de no animarse a discutir
Ju Fux
25 Nov, 2025

Por Julieta Fux.

Desde la derrota del 23 se instaló la idea de que el peronismo debía “procesar la caída” puertas adentro, casi como una penitencia. Durante meses se habló de crisis, introspección, recomposición. Pero los números que dejó la legislativa del 25 abrieron otro debate, uno que se repite hasta el hartazgo: el peronismo ya no le habla a los jóvenes. O en su variante más derrotista: el peronismo ya no interpela a los laburantes, ni a la calle, ni a ninguno de los sectores que históricamente representó.

Y, sin embargo (y esto dicho con el diario del lunes), la crisis no empezó ahí. Venía de antes. Al construir identidad desde la oposición al neoliberalismo pospuso debates que hoy paga caro. La discusión sobre la reforma laboral era sinónimo de “perder derechos”, sin observar que se perdían de hecho, pospuso discutir la reforma jubilatoria e incluso la reforma tributaria, llegando en sus peores versiones a sostener regímenes tributarios y subsidios regresivos.

Todos esos errores sumados a la permanente parálisis debido a la discusión eterna de la interna por la conducción del espacio, hacen que le quepa muy bien el saco: la casta política. Que discute temas que el resto de la sociedad no comprende y que no tiene nuevas ideas para ofrecer. Eso es lo que la sociedad no perdona.

Me posiciono en las antípodas del gobierno nacional, principalmente por llevar adelante un plan de endeudamiento monstruoso (encarnado en el ministro de economía que está cerca de tener una cuestión patológica con rifar fondos públicos). Pero hay algo que la ultraderecha, con todo lo dañina que resulta, dejó a la vista: la crisis siempre es una oportunidad. Una oportunidad de salirse del molde, de pensar por fuera de la caja, de generar nuevas propuestas y basadas en los valores. 

En un espacio político que se canso de resaltar la buena gente que construyó este país, que fue la fuerza que más contribuyó a darle músculo y herramientas (con indicadores positivos en educación, inversión en educación superior y creación de empresas) es imperdonable que ahora parezca estático ante el cambio, como si no quisiese tocar algo por temor a romperlo.

Miedo infundado, ya estamos rotos, queda reconstruir, probar nuevos horizontes sin miedo a (usar objetivos “de la derecha”) generar valor, sí valor,  apoyado en valores colectivos y redistributivos, pero sobre todo JUSTOS.

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