Internacional
La épica de Lula: de la derrota a una victoria que desafió todos los pronósticos
El presidente brasileño revirtió la desventaja de la primera vuelta y consiguió la reelección frente a Flávio Bolsonaro. A los 80 años, volvió a demostrar su capacidad para disputar el poder en un escenario de polarización extrema y con buena parte de la región inclinada hacia la derecha.
Hay victorias que se explican por los números y otras que, además, cuentan una historia. La de Luiz Inácio Lula da Silva en Brasil pertenece a esta segunda categoría. Porque no se trató solamente de ganar una elección: se trató de dar vuelta un escenario adverso, resistir los pronósticos que lo daban en dificultades y volver a imponerse cuando el camino hacia la Presidencia parecía cuesta arriba.
El 4 de octubre, la primera vuelta había dejado a Lula contra las cuerdas. Flávio Bolsonaro, heredero político de su padre Jair Bolsonaro, había obtenido el 47,03% de los votos válidos, frente al 45,16% del presidente. La diferencia era concreta y el desafío, enorme: el oficialismo debía recuperar terreno frente a una oposición que había logrado capitalizar el descontento de una parte importante de la sociedad brasileña.
Pero Lula conoce como pocos los tiempos de la política. Su trayectoria, marcada por la militancia sindical, las derrotas electorales, el ascenso al poder y un regreso a la Presidencia que parecía improbable años atrás, le permitió afrontar una campaña en la que la experiencia y la capacidad de movilización volvieron a ser factores centrales.
El resultado del balotaje confirmó que aquella ventaja inicial no era irreversible. Lula consiguió imponerse y prolongar su proyecto político, en una elección que mantuvo en vilo a Brasil y tuvo repercusiones mucho más allá de sus fronteras.
Una victoria contra la corriente
La dimensión de este triunfo se entiende mejor al observar el contexto regional. En distintos países de América Latina, las fuerzas de derecha y los discursos centrados en la seguridad, el orden y el cuestionamiento a los oficialismos habían ganado protagonismo. Brasil no era ajeno a esa dinámica y la candidatura de Flávio Bolsonaro buscaba convertir ese clima en una nueva oportunidad para el bolsonarismo.
En ese escenario, Lula consiguió evitar que la primera vuelta se transformara en una sentencia política. Su victoria constituye un respaldo electoral a la continuidad de su Gobierno, aunque no elimina los desafíos económicos y sociales que deberá afrontar ni las divisiones que atraviesan a la sociedad brasileña.
La épica de su regreso no debe confundirse con la idea de que todos los problemas quedaron resueltos. El costo de vida, la inseguridad, la desigualdad y la gobernabilidad seguirán en el centro de la agenda. La diferencia es que Lula enfrentará esos desafíos con un nuevo mandato y con la legitimidad que le otorgó el voto popular.
También hay una dimensión personal en esta historia. A los 80 años, el dirigente del Partido de los Trabajadores vuelve a demostrar que su figura conserva capacidad de convocatoria y que su liderazgo sigue siendo determinante para una porción considerable del electorado brasileño.
Su recorrido político tiene algo de excepcional: un dirigente surgido del movimiento obrero que llegó a la Presidencia, dejó el poder, atravesó años de enorme adversidad y regresó para volver a ganar. No es una trayectoria lineal ni está libre de controversias, pero constituye uno de los capítulos más singulares de la política latinoamericana contemporánea.
Cómo votaron los brasileños en Argentina
La elección también tuvo su expresión entre los brasileños residentes en Argentina. En el balotaje del 25 de octubre, Lula se impuso en la mayoría de las mesas habilitadas en la Embajada de Brasil en Buenos Aires. Según los resultados parciales difundidos durante la jornada, también consiguió una ventaja amplia en el conjunto de las sedes electorales argentinas.
El antecedente de la primera vuelta había sido contundente: en las cinco sedes habilitadas en el país, Lula había reunido 3.738 votos, frente a los 1.718 de Flávio Bolsonaro. En Buenos Aires, donde se concentró la mayor cantidad de votantes, el presidente había obtenido el 66,06% de los sufragios válidos.
La tendencia se mantuvo en la segunda vuelta. Con el escrutinio argentino todavía parcial en las primeras horas posteriores al cierre de las urnas, los datos disponibles mostraban una preferencia mayoritaria por el mandatario brasileño.
El dato adquiere relevancia en un momento en que la relación entre los gobiernos de Lula y Javier Milei atraviesa diferencias políticas e ideológicas profundas. Sin embargo, el voto de los ciudadanos brasileños residentes en Argentina no puede interpretarse automáticamente como una expresión de apoyo o rechazo al Gobierno argentino: se trata, ante todo, de una elección sobre el futuro de Brasil.
El mensaje que deja Brasil
La victoria de Lula deja una enseñanza política que excede las fronteras brasileñas: una ventaja en la primera vuelta no garantiza una victoria final, y los pronósticos no reemplazan la voluntad expresada en las urnas.
El desenlace también demuestra que las sociedades no se mueven necesariamente en una sola dirección. En un continente atravesado por disputas ideológicas cada vez más intensas, Brasil eligió prolongar el liderazgo de un dirigente que es un emblema para la izquierda.
Lula no ganó sin dificultades ni recibió un cheque en blanco. Ganó una elección competitiva, frente a una oposición que demostró tener un respaldo considerable. Pero el dato político central es que logró revertir el escenario y sostener su proyecto.
En tiempos en los que la política suele presentarse como una sucesión de resultados inevitables, la elección brasileña recordó que las campañas todavía pueden cambiar, que los liderazgos pueden resistir y que las urnas conservan la última palabra.
La épica de Lula está precisamente ahí: en haber llegado a la definición con la obligación de remontar y haber encontrado los votos necesarios para hacerlo. Brasil volvió a elegirlo. Ahora deberá demostrar, desde el Gobierno, que está a la altura de esa confianza.