Internacional
La médica formada en la UNLP que fue voluntaria tras el atentado
Alejandra Ciappa se recibió de médica en la Universidad Nacional de La Plata en 1999. Mientras realizaba un posdoctorado en Nueva York, vivió de cerca los atentados del 11 de septiembre de 2001 y al día siguiente se sumó como voluntaria a las tareas de asistencia en Ground Zero.
Entre las miles de historias que dejó el atentado del 11 de septiembre de 2001 se encuentra la de una médica formada en La Plata que, pocas horas después de la tragedia, decidió ponerse al servicio de quienes trabajaban en la Zona Cero.
Se trata de Alejandra Ciappa, oriunda de Tandil y graduada de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) en 1999. En aquel momento se encontraba en Nueva York, donde continuaba su formación académica y desarrollaba una carrera vinculada a la investigación genética y las enfermedades neurodegenerativas.
Cuando ocurrieron los ataques contra las Torres Gemelas, Ciappa trabajaba en la Universidad de Columbia y realizaba un posdoctorado relacionado con la genética de la enfermedad de Alzheimer.
El 11 de septiembre que cambió todo
La mañana había comenzado como cualquier otra. Ciappa se preparaba para dirigirse hacia el laboratorio cuando empezó a recibir las primeras noticias sobre lo que estaba sucediendo en el World Trade Center.
Desde su departamento pudo advertir que se trataba de un hecho extraordinario y luego observó por televisión las imágenes del segundo avión impactando contra una de las Torres Gemelas.
“Era un día como cualquier otro”, recordó años después al reconstruir aquellas horas.
La dimensión del ataque comenzó a quedar clara a medida que avanzaba la jornada. Incluso durante un viaje en subte, Ciappa intentaba explicarles a otros pasajeros que lo ocurrido no podía tratarse de un accidente.
La ciudad estaba atravesada por la confusión y el desconcierto.
De la investigación médica a la Zona Cero
Con el correr de las horas, la médica decidió ofrecerse como voluntaria ante la Cruz Roja.
El 12 de septiembre, apenas un día después de los atentados, integró un grupo de médicos y enfermeros que fue trasladado en colectivo hasta Ground Zero, el sector donde se encontraban las Torres Gemelas.
Al llegar, se encontró con una escena completamente diferente a la Nueva York que conocía.
El lugar estaba cubierto de polvo y escombros. Restos de las estructuras se acumulaban mientras bomberos, rescatistas, médicos y voluntarios trabajaban en medio de un escenario marcado por el caos.
“Caminar sobre los escombros fue terrible. Eran tantos que tenían casi la misma altura que algunos edificios erguidos. No podía ubicarme en el espacio, tampoco en el tiempo”, recordó Ciappa.
Durante aquellos días también compartió momentos de enorme carga emocional junto a los bomberos que participaban del operativo.
“Si no podemos salvar vidas, al menos prevengamos la muerte”
La tarea de Ciappa estuvo vinculada principalmente con la atención de personas afectadas por el polvo y el aire contaminado, además de primeros auxilios, asistencia a otros voluntarios y diferentes tareas humanitarias.
También participó en la evacuación de personas que todavía permanecían en edificios cercanos al lugar del atentado.
Con el paso de las horas, los rescatistas comenzaron a comprender que las posibilidades de encontrar sobrevivientes entre los restos eran cada vez menores. La expectativa inicial de rescatar personas con vida fue dando paso a tareas de asistencia, prevención y contención.
En ese contexto surgió una conclusión que Ciappa recordó especialmente: “Si no podemos salvar vidas, al menos prevengamos la muerte”.
Parte de su trabajo consistió entonces en intentar convencer a vecinos que todavía permanecían en edificios de los alrededores para que abandonaran el área.