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La momia de Tolosa: la historia del cuerpo que permaneció intacto durante años en La Plata

La momia de Tolosa: la historia del cuerpo que permaneció intacto durante años en La Plata
Luciano Neder
20 Oct, 2026

A comienzos de 1902, el hallazgo de un cuerpo momificado en el antiguo cementerio de Tolosa alimentó una leyenda que atravesó generaciones. Los restos pertenecían a Matías Betti, un joven poeta que había muerto de tuberculosis en 1885 y cuyo cuerpo fue sepultado formalmente décadas después.

La historia de la momia de Tolosa es una de esas leyendas que forman parte de la memoria popular de La Plata. Todo comenzó a principios de 1902, cuando en el predio del antiguo cementerio de Tolosa, ubicado en la zona de 119 y 525, apareció un cuerpo humano que llamó la atención por su estado de conservación, pese a que llevaba años bajo tierra.

El cadáver estaba momificado y, según los relatos que circularon sobre el hallazgo, conservaba un aspecto que sorprendía a quienes lo veían. No se trataba de un cuerpo identificado en una tumba convencional: su aparición despertó interrogantes y, con el paso del tiempo, dio origen a una historia que mezcló datos históricos con elementos propios de la tradición oral.

Detrás de aquel hallazgo estaba Matías Betti, un joven poeta que había fallecido en 1885 a causa de la tuberculosis. Su cuerpo había sido colocado en un ataúd de zinc con cal, una circunstancia vinculada a su particular estado de conservación.

Matías Betti, el poeta detrás de la leyenda

La identidad del cuerpo permitió reconstruir parte de una historia que había quedado relegada al recuerdo de los vecinos. Betti murió a fines del siglo XIX, pero sus restos volvieron a quedar en el centro de la atención pública años después, cuando fueron encontrados en el antiguo cementerio de Tolosa.

El estado de momificación del cadáver alimentó las versiones que comenzaron a circular en torno al caso. Con el tiempo, el episodio dejó de ser solamente el relato de un hallazgo funerario y pasó a integrar el imaginario popular de la zona.

Como sucede con muchas leyendas urbanas, algunos detalles se transmitieron de generación en generación sin que siempre fuera posible distinguir con precisión los hechos documentados de las interpretaciones posteriores.

Velas, ofrendas y una leyenda que creció con los años

Alrededor de la figura de la momia comenzaron a circular relatos sobre sensaciones extrañas que experimentaban quienes se acercaban al cuerpo. Algunas versiones hablaban de un frío inusual y de una atmósfera inquietante.

La historia también cuenta que vecinos y visitantes empezaron a dejar velas, ofrendas y oraciones junto a los restos. Esas prácticas contribuyeron a construir una relación particular con el cadáver, al que algunos comenzaron a tratar como una figura que merecía respeto y protección.

Así surgió el nombre con el que el episodio quedó grabado en la memoria local: la momia de Tolosa. La combinación entre el estado de conservación del cuerpo, las circunstancias de su aparición y las historias que se fueron sumando convirtió el caso en una de las leyendas más llamativas asociadas al pasado de la región.

El traslado al cementerio de La Plata

La historia tuvo un nuevo capítulo en 1925, cuando los restos de Matías Betti fueron trasladados y recibieron sepultura formal cerca de la entrada principal del actual cementerio de La Plata, según la reconstrucción difundida sobre el caso.

De ese modo, el joven poeta recuperó su identidad en el lugar de descanso definitivo, aunque la leyenda construida alrededor de su cuerpo continuó circulando mucho después del entierro.

Más de un siglo después de aquel hallazgo, la momia de Tolosa permanece en el recuerdo popular como una historia en la que se cruzan un episodio funerario, la memoria de un poeta y los relatos que alimentan el misterio de una ciudad. Una leyenda platense que sobrevivió al paso del tiempo y que todavía despierta curiosidad entre quienes buscan conocer las historias menos conocidas de La Plata.

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