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¿La Plata sigue siendo una ciudad universitaria?

¿La Plata sigue siendo una ciudad universitaria?
Azul Peluso
11 Oct, 2026

La UNLP continúa moviendo buena parte de la vida cotidiana de la ciudad, pero el aumento de los alquileres y un consumo más retraído obligan a mirar de nuevo cuánto pesa hoy la economía estudiantil en La Plata.

Durante décadas, decir que La Plata es una ciudad universitaria casi no necesitó explicación. Miles de jóvenes llegan todos los años para estudiar, buena parte de las facultades conviven con el casco urbano y el calendario académico termina impactando mucho más allá de las aulas.

Se nota en los departamentos que se alquilan, en los micros, en los bares alrededor de las facultades y hasta en el movimiento que pierde el centro cuando llegan las vacaciones.

La pregunta es qué pasa con ese modelo cuando cambia la economía de quienes vienen a estudiar.

La Universidad Nacional de La Plata sigue teniendo una dimensión enorme. Los últimos datos institucionales ubican su comunidad de grado en el orden de los 130 mil estudiantes, a los que se suman alumnos de posgrado, colegios y otras propuestas de formación.

Es una población capaz de modificar la dinámica de una ciudad entera. Pero para quienes llegan desde otras localidades, estudiar en La Plata implica primero poder vivir en ella.

El alquiler, la primera barrera

La vivienda aparece como uno de los puntos donde más claramente se siente el cambio.

En octubre de 2026, los departamentos publicados en La Plata muestran valores que rondan los $450.000 mensuales para un monoambiente y los $550.000 para un departamento de dos ambientes, a los que en numerosos casos hay que sumar expensas.

Otros relevamientos realizados durante el año colocaron también a los monoambientes dentro de una franja que puede superar ampliamente los $400.000, especialmente en sectores del casco cercanos a las facultades.

La ubicación importa.

Vivir cerca de avenida 1, el Bosque o las facultades ubicadas alrededor del centro permite reducir gastos y tiempos de traslado, pero también coloca a los estudiantes frente a algunas de las zonas con mayor demanda de propiedades pequeñas.

Compartir un departamento, mudarse más lejos o permanecer en la casa familiar y viajar aparecen entonces como alternativas frente a un gasto que no termina en el alquiler: servicios, comida, transporte, apuntes y actividades cotidianas completan la cuenta.

Una Universidad que empezó a construir viviendas

La propia UNLP comenzó a avanzar sobre esa problemática.

Este mes abrió la inscripción para acceder al Barrio Estudiantil Universitario, ubicado en 128 y 64, en Berisso.

La primera etapa tiene 24 viviendas compartidas destinadas a estudiantes que necesitan alquilar a valores diferenciales respecto del mercado tradicional. El proyecto contempla además nuevos módulos y una ampliación progresiva del complejo hasta 2030.

La iniciativa muestra hasta qué punto el acceso a una vivienda pasó a formar parte de la discusión sobre quién puede venir a estudiar a La Plata.

Durante años, la ciudad ofreció una combinación particular: universidad pública, una enorme oferta académica y la posibilidad de instalarse a una distancia relativamente corta de las facultades.

El precio de sostener esa experiencia es hoy considerablemente mayor.

Cuando los estudiantes consumen menos, La Plata también lo siente

El impacto no termina en las inmobiliarias.

La actividad comercial platense comenzó 2026 con una caída interanual del 9,1% en las unidades vendidas durante el primer trimestre, según un relevamiento elaborado por la Cámara de Comercio local junto a la Facultad de Ciencias Económicas de la UNLP.

El dato corresponde al comercio en general y no exclusivamente al consumo universitario, pero sirve para entender el escenario económico en el que hoy se mueven también los estudiantes.

Una persona que destina una proporción mayor de su presupuesto al alquiler tiene menos margen para comer afuera, comprar ropa, salir o consumir en los comercios de cercanía.

Y en una ciudad donde decenas de miles de estudiantes circulan todos los días, esos pequeños recortes individuales terminan teniendo un impacto muy importante.

Kioscos, fotocopiadoras, cafeterías, bares, librerías, gimnasios y locales gastronómicos forman parte de una economía que históricamente encontró en la comunidad universitaria una parte importante de su público.

Una ciudad organizada alrededor de sus facultades

La influencia universitaria tampoco puede medirse únicamente en pesos.

Una parte importante del sistema de transporte atraviesa zonas académicas. El Bosque concentra facultades, laboratorios y dependencias universitarias; avenida 1 conecta buena parte de ese circuito, mientras que el centro reúne edificios académicos y servicios utilizados diariamente por estudiantes.

A eso se suma una característica propia de La Plata: la Universidad no funciona dentro de un campus aislado de la ciudad.

Sus edificios aparecen mezclados con viviendas, comercios, hospitales, plazas y oficinas públicas.

Por eso la actividad académica modifica directamente la calle.

Febrero y marzo traen mudanzas y búsquedas de alquiler. Durante el año aparecen horarios pico alrededor de las facultades. En enero, en cambio, muchos sectores sienten inmediatamente el descenso poblacional.

Entonces, ¿La Plata sigue siendo universitaria?

Por cantidad de estudiantes, infraestructura y presencia territorial, difícilmente haya dejado de serlo.

Pero la pregunta ya no pasa solamente por cuántas personas cursan en la UNLP.

También importa cuántas pueden instalarse en La Plata, cuánto pueden gastar mientras estudian y de qué manera se relacionan con una ciudad que se volvió más cara para vivir.

La Plata mantiene a la Universidad como uno de sus grandes motores sociales y económicos. Lo que está cambiando son las condiciones en las que miles de estudiantes pueden formar parte de esa vida.

Y si cambia la economía de quienes llegan cada año con una mochila, algunos muebles y una carrera por delante, inevitablemente también cambia una parte de la ciudad.

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