Política

Plaza de Mayo, otra vez colmada por una consigna que no se apaga

Plaza de Mayo, otra vez colmada por una consigna que no se apaga
Facundo Benitez
25 Mar, 2026

A 50 años del golpe de Estado de 1976, una multitud volvió a copar las calles de la Ciudad de Buenos Aires y se movilizó hacia Plaza de Mayo para defender las banderas de Memoria, Verdad y Justicia.

La jornada estuvo marcada por una convocatoria masiva, con la presencia de Madres, Abuelas, organismos de derechos humanos, nietos restituidos, sobrevivientes, familiares de desaparecidos y miles de personas que acompañaron el reclamo histórico de saber qué pasó con las víctimas del terrorismo de Estado.

Desde temprano, las inmediaciones de la Plaza comenzaron a poblarse de columnas y manifestantes en una escena que volvió a mostrar la vigencia del 24 de marzo como una de las fechas más movilizantes de la Argentina. Según la estimación que circuló entre referentes del movimiento de derechos humanos, más de un millón de personas participaron de la jornada, en la que el grito de “¡Que digan dónde están!” volvió a ocupar el centro de la escena.

En ese marco, una de las primeras en llegar fue Buscarita Roa, vicepresidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, quien agradeció el acompañamiento popular y recordó la lucha sostenida durante décadas. También se hicieron presentes dirigentes y referentes históricos de organismos de derechos humanos, que destacaron la masividad de la movilización como una respuesta frente al clima político actual y a los discursos que intentan relativizar el terrorismo de Estado.

Durante la jornada también hubo fuertes cuestionamientos al Gobierno nacional. En distintos tramos del acto se denunció que persiste el pacto de silencio de los represores y que existe un retroceso en las políticas de Memoria, Verdad y Justicia. En esa línea, referentes de organismos señalaron que la convocatoria en la Plaza fue también una forma de responder a los discursos oficiales que apelan a la “reconciliación”, una idea rechazada de plano por Madres, Abuelas y los espacios que sostienen el reclamo histórico.

Uno de los momentos más fuertes se dio con la participación de los nietos y nietas restituidos, que volvieron a poner el foco en la necesidad de seguir buscando a quienes todavía no recuperaron su identidad. Desde el escenario, remarcaron que cada restitución representa una reparación para la democracia y advirtieron que la única manera de cerrar esa herida abierta por la dictadura es encontrar a todos los bebés apropiados. El reclamo volvió a bajar con fuerza desde la Plaza: “¡Que digan dónde están!”.

Ya con las Madres, Abuelas y referentes del movimiento de derechos humanos sobre el escenario, se realizó la lectura del documento central. Allí se remarcó que la defensa de la memoria exige sostener la lucha colectiva y se insistió en que la mayoría de los desaparecidos fueron fusilados, asesinados bajo tortura o arrojados en los vuelos de la muerte, sin que hasta hoy sus cuerpos hayan sido entregados. También se denunció el negacionismo y se volvió a exigir información concreta sobre el destino de las víctimas.

En otro tramo del documento, Estela de Carlotto recordó que ya se resolvieron 140 casos de apropiación y volvió a pedir el acompañamiento social para seguir encontrando a los hijos e hijas de personas desaparecidas. A su vez, se remarcó que existen 1231 condenados por delitos de lesa humanidad y que más del 80 por ciento de los represores se encuentra bajo prisión domiciliaria, una situación que también fue cuestionada durante el acto.

El cierre dejó otra de las definiciones más contundentes de la jornada. Taty Almeida, presidenta de Madres de Plaza de Mayo-Línea Fundadora, reafirmó que el camino sigue siendo el de la memoria activa y lanzó una frase que sintetizó el espíritu del acto: “No olvidamos, no perdonamos, no nos reconciliamos”. Después llegó el grito que volvió a unir a toda la Plaza: “30.000 presentes, ahora y siempre”, en una jornada atravesada por la emoción, la memoria y la decisión de seguir sosteniendo el Nunca Más en las calles.

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