Punto capital
¿Qué hacemos con la basura cuando nadie nos mira?
Dos videos registrados en distintos puntos de La Plata vuelven a poner en escena una postal que se repite en la ciudad: personas que arrojan residuos en la vía pública. Mientras el Municipio refuerza los controles y aplica sanciones, las imágenes abren una discusión que excede cualquier operativo de fiscalización: cuánto depende la limpieza de la ciudad de quienes tienen la responsabilidad de mantenerla y cuánto de quienes la habitamos.
Hay imágenes que, de tan habituales, corren el riesgo de dejar de llamar la atención. Una bolsa abandonada en una esquina, una botella tirada en una plaza, residuos acumulados junto a un contenedor o, como muestran los videos que disparan esta nota, una persona que baja la ventanilla de un auto y arroja basura directamente sobre la calle. Son escenas diferentes, pero tienen algo en común: una decisión individual termina trasladando al conjunto de la sociedad el costo de limpiar aquello que podría no haberse ensuciado.
Los videos no permiten, por supuesto, sacar conclusiones sobre el comportamiento de todos los platenses. Pero sí sirven para poner nuevamente el foco sobre un problema cotidiano y, muchas veces, naturalizado. Porque una ciudad limpia no se construye solamente levantando la basura que otros dejaron: también se construye evitando que esa basura llegue a la calle.
El problema empieza antes de que llegue el camión
La limpieza urbana es una responsabilidad del Estado y el Municipio debe garantizar la recolección, el barrido y el mantenimiento de los espacios públicos, además de controlar la prestación del servicio y hacer cumplir las normas. En una ciudad de las dimensiones de La Plata, esa tarea supone una estructura permanente de trabajadores, vehículos y recursos destinada a sostener la higiene de calles, veredas y espacios comunes.
Pero existe otra parte del problema que comienza mucho antes de que pase un camión recolector o un trabajador municipal. Empieza en cada casa, en cada comercio y también en cada vecino que decide qué hacer con los residuos. El sistema de limpieza puede recoger una bolsa que alguien dejó tirada en una esquina en lugar de en el cesto, pero difícilmente de abasto si ese escenario se vuelve lo habitual.
La diferencia puede parecer mínima cuando se observa un solo caso. Una botella, un papel o una bolsa no parecen capaces de modificar por sí mismos el estado de una ciudad. El problema aparece cuando esa misma conducta se repite cientos o miles de veces, todos los días y en distintos puntos del territorio.
Una ciudad que genera cientos de miles de toneladas
La dimensión del sistema de residuos también permite comprender por qué la responsabilidad individual no es un asunto menor. La Plata genera anualmente cientos de miles de toneladas de residuos sólidos urbanos y, para 2025, distintos relevamientos ubicaron esa cifra en alrededor de 313.800 toneladas. De ese volumen, unas 282.600 toneladas terminaron en disposición final y alrededor de 31.200 fueron recuperadas.
Detrás de esas cifras hay algo mucho más cotidiano: las cosas que cada uno de nosotros descarta todos los días. Cada residuo tiene un circuito previsto dentro del sistema de gestión, pero cuando termina en una vereda, una plaza, una esquina o el costado de una calle, deja de formar parte de ese circuito y se transforma en un problema adicional para toda la comunidad.
En definitiva, cuanto más se ensucia el espacio público por acciones que podrían evitarse, más recursos y trabajo hacen falta después para recuperar las condiciones de limpieza.
Controlar no alcanza si siempre hay algo nuevo que levantar
El Municipio viene reforzando los controles y cuenta con herramientas para sancionar a quienes arrojan residuos en lugares no permitidos. La normativa local contempla multas para este tipo de conductas, con sanciones que pueden variar de acuerdo con las características de la infracción.
Esos controles son necesarios, pero tienen un límite que resulta difícil de ignorar. No puede haber un inspector detrás de cada auto ni una cámara en cada esquina para registrar cada vez que alguien decide arrojar una bolsa, una botella o cualquier otro residuo. La fiscalización puede detectar y sancionar una conducta cuando logra registrarla, mientras que el sistema de limpieza puede retirar los residuos una vez que ya fueron abandonados.
Hay, sin embargo, una instancia anterior sobre la que ningún operativo puede actuar: la decisión de cada persona de no ensuciar. Y esa decisión no requiere una nueva inversión, un operativo especial ni la presencia permanente de un agente municipal. Requiere algo mucho más básico: entender que el espacio público también pertenece a quienes lo utilizan y que cuidarlo forma parte de las reglas elementales de convivencia.
La responsabilidad que empieza cuando nadie está mirando
Quizás una de las preguntas más incómodas de esta discusión sea qué hacemos cuando sabemos que nadie nos está mirando. Porque si el único motivo para no arrojar basura en la calle es el temor a recibir una multa, el problema difícilmente pueda resolverse solamente aumentando los controles.
La verdadera dimensión de la responsabilidad ciudadana aparece justamente en esas situaciones pequeñas en las que nadie observa. Cuando alguien guarda un papel hasta encontrar un cesto, respeta los horarios de recolección, evita dejar una bolsa junto a un contenedor o simplemente decide no tirar una botella desde el auto, está haciendo algo que puede parecer insignificante, pero que forma parte de una conducta colectiva.
También ocurre lo contrario. Cuando una persona ve que una esquina ya está llena de basura y decide dejar allí una bolsa más, puede sentir que su acción individual no cambia demasiado las cosas. Sin embargo, esa misma lógica repetida una y otra vez es la que termina convirtiendo determinados espacios en puntos permanentes de acumulación de residuos.
Por eso, la discusión no debería reducirse a quién tiene que limpiar después. También debería incluir una pregunta anterior: por qué llegamos al punto en el que alguien tiene que limpiar algo que podría no haberse ensuciado.
La ciudad que queda a raíz de nuestras acciones
La responsabilidad estatal y la responsabilidad ciudadana no son excluyentes. El Municipio tiene que garantizar un servicio adecuado, controlar su funcionamiento y aplicar las sanciones correspondientes cuando se incumplen las normas. Pero los vecinos también tenemos una responsabilidad que no puede ser delegada: disponer correctamente nuestros residuos y evitar convertir el espacio público en el lugar donde dejamos aquello que ya no queremos.
La Plata es una ciudad grande, extensa y dinámica, con cientos de miles de personas que todos los días utilizan sus calles, plazas, veredas y espacios comunes. Pretender que un sistema de limpieza pueda compensar permanentemente todas las conductas individuales que generan residuos innecesarios en la vía pública supone cargar sobre una estructura estatal un problema que también tiene un componente social.
Quizás por eso las imágenes de estos dos videos sirvan para algo más que para mostrar una infracción. Pueden servir para preguntarnos, aunque sea por un momento, qué hacemos cada uno cuando tenemos un residuo en la mano y no hay nadie mirando.