Crónicas del mundo
Salta: grandes alturas, las cuestas hacia el Monte Cachi y el Tren de las Nubes
Partiendo de la ciudad de Salta, un camino de bellísimas cuestas nos llevará al pueblo de Cachi, que tiene solamente 2.600 habitantes en el Valle Calchaquí, con sus casitas de adobe y sus edificios coloniales. La zona está coronada por el imponente Monte Cachi, con sus nieves eternas.
Por Silvia Franchi.
Cachi es el destino final a través de un camino de cuestas, precipicios, colores de distintos matices de verde, infinidad de cardones, curvas y la infinitud del paisaje.
Comenzando el recorrido por la ruta 40, iremos ascendiendo a través de cerros de distintos colores y una rica vegetación. Atravesaremos puentes y laderas empinadas, por el camino zigzagueante de la ruta 33 y ascenderemos hasta los 3348 metros sobre el nivel del mar. Aquí se conectan el valle de Lerma con el alto valle Calchaquí.


Los paisajes son deslumbrantes y contrastan con un cielo azul diáfano y sereno, absolutamente silencioso.

Los cerros cubiertos de verde tienen una textura aterciopelada que invitan a la contemplación y a guardar un bellísimo recuerdo.
La cuesta del Obispo
El valle fue testigo del desarraigo de los indígenas chicoanas, que vivían en el alto Valle Calchaquí y que fueron trasladados a la actual localidad de Chicoana. Se la denominó Cuesta de la dormida del Obispo porque en 1622 Monseñor Julián de Cortázar viajaba desde la ciudad de Salta hacia Cachi y se vio obligado a pernoctar incómodamente a mitad de la cuesta. Posteriormente, se simplificó el nombre a como se la conoce en el presente: Cuesta del Obispo. En aquellas épocas esta travesía de 210 Km. duraba no menos de tres días, con pernoctes obligados. La primera parte se hacía en coche tirado por caballos, hasta el pie de la cuesta adonde se pernoctaba. Luego se realizaba el ascenso a caballo o a lomo de mula. Se llegaba hasta la localidad de La Cochera, y se continuaba en coche.

En el camino nos encontramos con la pequeña Capilla San Rafael, en donde los habitantes de esas tierras insondables vienen a ofrecer sus artesanías y especias de la región.

Seguimos ascendiendo hasta 3457 m S.N.M. Es aconsejable mascar hojas de coca durante este trayecto, porque se llega a gran altura y se pueden sentir síntomas de apunamiento.
Las laderas de los cerros siguen imponiéndose ante nuestra mirada para que nunca las borremos de nuestra memoria.

Hay paradores en el camino para tomar un café con una colación y abastecerse de bebidas o de agua caliente para el mate. Algún cabrito vendrá a saludar, se los ve muy amistosos y son animales muy tiernos.
Los cardones en esta zona son de gran altura y antigüedad, y es importante ser responsables en su contemplación y no tocarlos ni lastimarlos, porque pueden dejar de existir o detendrán su crecimiento.

Al fondo se pueden ver los picos del Monte Cachi de gran altura, coronados de nieves eternas.
Hay bosques de cactus, familias de esta vegetación con un número abundante de ejemplares, erguidos con orgullo en las laderas empinadas.


Llegamos al Sendero Los Secretos del Cardonal, una zona preservada para la conservación de esta especie autóctona de la región.

El cartel indica el recorrido y advierte de los recaudos a tomar en esta zona, como estar hidratados, protegerse del sol y caminar despacio.

Nos vamos aproximando a la cumbre, para arribar al encantador pueblo de Cachi, detenido en el tiempo, tradicional, con su gente sencilla, sus copleras que ofrecen su música en la plaza, y su hospitalidad.

Es hora de almorzar deliciosos platos típicos y algún vinito de la zona. Las especias a base de ají morrón son de producción a escala en esta zona, de calidad suprema; es conveniente abastecerse, particularmente para quienes les guste la cocina de buen paladar.
Esta región produce ají molido de excelente calidad y concentración de sabor picante, adobos con mix de condimentos, pimentón dulce y miel de alfalfa. Hay una antigua recova colonial, un museo con objetos típicos de los naturales de la región, instrumentos, que conforman el legado de esta cultura norteña.

La plaza 9 de Julio es un sitio infaltable que nuclea la Parroquia San José de Cachi y el Museo Arqueológico con objetos de 10.000 años de antigüedad. El pueblo cuenta con un cajero automático, farmacia, estación de servicio y zona Wi-Fi libre.

La capilla es de una sencillez acogedora, para quienes sientan la fe cristiana y busquen un momento de paz.


Cruzaremos el río y emprenderemos el camino de regreso después de haber disfrutado de una paisaje espléndido, de una naturaleza sorprendente y una cultura singular y hospitalaria.


El Tren a las Nubes
De regreso a la ciudad de Salta, una opción es realizar el periplo en el Tren de las Nubes, un transporte turístico que se encuentra entre los tres ferrocarriles más altos del mundo y un recorrido por paisajes pintorescos y vertiginosos. Una auténtica aventura.
El Tren recorre 217 kilómetros y atraviesa montañas, valles y quebradas. Solamente tiene dos paradas, en San Antonio de los Cobres y en el Viaducto La Polvorilla. Su capacidad es para 468 pasajeros, por lo que es recomendable comprar los boletos con anticipación (dos meses de antelación), ya que se agotan frecuentemente. Alcanza una velocidad máxima de 35 kilómetros por hora y tiene una duración total de 16 horas.
Hay una opción de combinar un ómnibus que sale de Salta y llega a la Quebrada del Toro, en donde se aborda el tren, o realizar todo el trayecto en tren. Las salidas son a las 7 de la mañana.

El tren asciende a gran altura (4220 msnm) y se advierte que puede sentirse apunamiento. El tren cuenta con tubos de oxígeno, pero se agotan ya que muchas personas requieren asistencia cuando tienen sensación de ahogo. Esta información es importante para no llevarse sorpresas, especialmente para aquellos que son vulnerables a las alturas. Es conveniente realizar esta travesía después de haber permanecido algunos días en Salta, para aclimatarse a la altura.
Para llegar a las nubes se atraviesan 29 puentes, 21 túneles y 13 viaductos, y es una labor trascendental de la mano del hombre, una auténtica obra de ingeniería que fue liderada por Richard Maury, un estadounidense. Llegar a la cima provoca una gran emoción, porque realmente es algo maravilloso y único. Se trata de una experiencia novedosa en la vida del turista, ya que no hay otro en todo el país y asombra tanto el paisaje como la obra llevada a cabo para llegar a la cima.
