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Sergio “El Ruso” Karakachoff: el platense que hizo de la política, el periodismo y los derechos humanos una misma lucha

Sergio “El Ruso” Karakachoff: el platense que hizo de la política, el periodismo y los derechos humanos una misma lucha
Ju Fux
11 Sep, 2026

Abogado laboralista, periodista, dirigente estudiantil y militante radical, Karakachoff fue una de las figuras jóvenes que intentaron renovar la política argentina en los años 60 y 70. Defendió a trabajadores, presentó hábeas corpus por detenidos y desaparecidos y cuestionó tanto la violencia política como las salidas autoritarias. En septiembre de 1976 fue secuestrado y asesinado junto a su amigo y socio Domingo Teruggi. Tenía 37 años.

Hay nombres de La Plata que quedaron asociados a una institución, a una calle o a un espacio de la ciudad. Y hay otros que, con el paso del tiempo, terminaron formando parte de la memoria política de varias generaciones. Sergio “El Ruso” Karakachoff pertenece a este último grupo.

A 50 años de su secuestro y asesinato, su figura vuelve a ocupar el centro de la escena platense, pero su historia permite mirar mucho más allá del homenaje realizado esta semana. Porque Karakachoff no fue solamente un dirigente de la Unión Cívica Radical: fue abogado laboralista, periodista, dirigente universitario y un militante que entendió la política como una herramienta de transformación democrática.

Su trayectoria estuvo atravesada por una idea que mantuvo hasta el final: la democracia no podía limitarse a la posibilidad de votar, sino que debía estar acompañada por derechos políticos, sociales y laborales.

Un dirigente formado en las escuelas y la Universidad pública de La Plata

Sergio Karakachoff nació en La Plata el 27 de junio de 1939. Cursó sus primeros estudios en la Escuela Graduada “Joaquín V. González” y luego pasó por el Colegio Nacional “Rafael Hernández”, donde egresó en 1957.

Allí comenzó a construir una trayectoria que combinaría, durante toda su vida, militancia política y formación intelectual. Fundó y presidió el Centro de Estudiantes Democráticos del Colegio Nacional, antecedente del actual CECoN.

Después ingresó a la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la Universidad Nacional de La Plata. Allí participó activamente de la política universitaria y fue uno de los fundadores de la agrupación radical Franja Morada, en un momento en que el movimiento estudiantil atravesaba profundas discusiones sobre el papel de la universidad, la política y la democracia.

En paralelo, también estudió periodismo en la Escuela Superior de Periodismo. Esa formación terminaría siendo otra de las herramientas con las que Karakachoff intentó intervenir en la discusión pública.

En 1965 se recibió de abogado y comenzó a especializarse en Derecho Laboral. Su actividad profesional quedaría fuertemente vinculada a la defensa de trabajadores y, con el correr de los años, también a la defensa de personas perseguidas por razones políticas.

Del radicalismo tradicional a una nueva generación política

Karakachoff comenzó a militar en el radicalismo desde muy joven, pero la experiencia de los años 60 lo llevó a cuestionar algunas de las posiciones más conservadoras del partido.

El golpe de Estado de 1966 que derrocó a Arturo Illia profundizó ese proceso. En La Plata impulsó el Movimiento de Afirmación Popular (MAP), un espacio interno que buscaba renovar al radicalismo y darle una orientación más vinculada a las demandas sociales y a las nuevas generaciones.

El propio archivo personal de Karakachoff conserva el primer manifiesto del MAP, fechado en julio de 1968, donde jóvenes platenses anunciaban la creación de un movimiento político interno dentro de la Unión Cívica Radical del Pueblo.

El grupo luego dio origen al Movimiento Radical En Lucha y a la publicación En Lucha, desde donde Karakachoff escribió numerosos artículos de opinión. Sus textos abordaban cuestiones como la dependencia económica, la cultura, el rol del Estado y la necesidad de transformar la sociedad por vías políticas y democráticas. El archivo de la UNLP conserva parte de esos materiales.

Ese proceso lo vinculó con otros jóvenes radicales que, años más tarde, tendrían un papel central en la política argentina, entre ellos Federico Storani, Luis “Changui” Cáceres, Marcelo Stubrin y Enrique “Coti” Nosiglia.

En 1968 fue uno de los fundadores de la Junta Coordinadora Nacional y, posteriormente, participó de la construcción del Movimiento de Renovación y Cambio, el sector interno de la UCR encabezado por Raúl Alfonsín.

Un radical que también buscaba hablarle a los trabajadores

Una de las dimensiones menos conocidas de Karakachoff es su vínculo con el mundo del trabajo.

Como abogado laboralista defendió a trabajadores de distintos sectores y desarrolló una intensa actividad profesional junto a otros abogados vinculados a la defensa de los derechos laborales. Esa tarea lo acercó incluso a sectores de la CGT de los Argentinos, en una época en la que las fronteras partidarias no siempre coincidían con las alianzas construidas alrededor de determinadas demandas sociales.

Su pensamiento político también fue en esa dirección.

Karakachoff sostenía que el radicalismo debía dejar atrás una mirada exclusivamente electoral y construir un vínculo más profundo con los trabajadores. En 1975 planteó la necesidad de una transformación del partido que le permitiera tener un mayor arraigo en la clase trabajadora.

Esa preocupación ayuda a explicar por qué su figura puede ser leída hoy más allá de la pertenencia partidaria. Su trayectoria combinó la tradición democrática del radicalismo con una fuerte preocupación por las condiciones sociales y laborales.

La política también se hacía desde el periodismo

El periodismo fue otra de las herramientas que utilizó para intervenir en la discusión política.

Durante una estadía en Bahía Blanca, entre 1965 y 1966, llegó a desempeñarse como secretario de redacción del diario El Sureño. A su regreso a La Plata continuó desarrollando una intensa actividad periodística y política.

En la década del 70 participó además de proyectos editoriales que buscaban discutir la realidad política y social del país. Uno de ellos fue En Lucha, vinculado al Movimiento de Afirmación Popular.

En 1974 volvió a la actividad periodística con el diario La Calle, una experiencia que reunió a dirigentes y militantes de distintas tradiciones políticas. El proyecto tuvo una vida breve y fue clausurado.

Para Karakachoff, escribir y hacer política formaban parte de una misma actividad: intervenir sobre la realidad, discutir ideas y construir alternativas.

La defensa de los derechos humanos antes del golpe

La etapa final de su vida estuvo marcada por una preocupación que terminaría siendo central: la defensa de los derechos humanos.

En 1975 se incorporó a la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH). Desde allí comenzó a presentar hábeas corpus y a intervenir en defensa de personas detenidas y perseguidas.

Lo hizo antes del golpe del 24 de marzo de 1976 y continuó haciéndolo después de la instauración de la dictadura. En ese momento, defender públicamente a los perseguidos y reclamar información sobre personas detenidas implicaba asumir un riesgo cada vez mayor.

Karakachoff, además, rechazaba la violencia como método de acción política. Su posición estaba vinculada a la construcción de una salida democrática y plural, incluso en un contexto en el que la violencia política atravesaba a buena parte de la sociedad argentina.

En los días previos a su secuestro escribió sobre la violencia y el avance de la represión. Su frase acerca de sentirse como “pajaritos enjaulados”, sin códigos de clandestinidad y sin vínculo con la violencia armada, pero igualmente marcados por los grupos represivos, quedó como una de las expresiones más recordadas de sus últimos días.

El secuestro y asesinato

En septiembre de 1976, apenas seis meses después del golpe de Estado, Karakachoff ya se encontraba amenazado.

El operativo para secuestrarlo comenzó el 9 de septiembre. Según reconstrucciones periodísticas y testimoniales, integrantes del grupo represivo llegaron primero hasta la guardería a la que asistían sus hijas Sofía y Matilde. Después intentaron localizarlo en su estudio y finalmente llegaron hasta la vivienda de su socio y amigo, el abogado Domingo “Mingo” Teruggi.

Ambos fueron secuestrados.

Sus familiares presentaron hábeas corpus para conocer su paradero, pero no hubo respuesta. Los cuerpos de Karakachoff y Teruggi aparecieron posteriormente en una zona rural cercana a la ruta 36, en el partido de Magdalena, con signos de tortura y heridas de bala. Las distintas fuentes consultadas ubican el hallazgo entre el 10 y el 11 de septiembre, mientras que los registros de memoria y documentación de la UNLP consignan el 11 de septiembre como fecha del asesinato.

Karakachoff tenía 37 años.

Su asesinato ocurrió en los primeros meses de la dictadura y tuvo un fuerte impacto dentro del radicalismo platense. El cortejo fúnebre estuvo acompañado por dirigentes y militantes en un contexto de enorme temor y represión. Federico Storani habló desde el balcón del comité radical ante quienes habían acompañado el féretro, mientras dirigentes históricos como Ricardo Balbín, Raúl Alfonsín, Conrado Storani y Anselmo Marini estuvieron presentes.

Una historia que quedó ligada a la democracia argentina

Karakachoff no llegó a ver el regreso de la democracia en 1983 ni el triunfo electoral de Raúl Alfonsín, dirigente con quien había compartido el espacio de Renovación y Cambio.

Tampoco pudo ver cómo muchas de las discusiones políticas que habían atravesado a aquella generación de jóvenes radicales terminarían ocupando el centro de la escena nacional durante los primeros años de la democracia.

Pero su historia quedó asociada a ese proceso.

La defensa de los derechos humanos, la participación universitaria, la renovación partidaria, la defensa de los trabajadores y la búsqueda de una salida democrática frente a la violencia y el autoritarismo fueron distintas dimensiones de una misma trayectoria.

Por eso, con el paso de las décadas, su figura fue recuperada incluso por dirigentes y espacios políticos que exceden al radicalismo.

La propia Universidad Nacional de La Plata conserva hoy un archivo dedicado a reconstruir su vida y pensamiento, con documentos, fotografías, recortes periodísticos y registros sonoros. La institución también bautizó con su nombre al edificio universitario ubicado en el antiguo complejo de las Tres Facultades.

Su nombre también permanece ligado al Colegio Nacional y a la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales, donde se formó y desarrolló buena parte de su militancia. En 2023, además, la UNLP reparó su legajo como estudiante del Colegio Nacional en el marco de las políticas de memoria y reparación.

El legado de un platense

La figura de Sergio Karakachoff puede ser reivindicada desde el radicalismo, pero reducirlo a esa identidad sería dejar afuera una parte importante de su historia.

Fue un dirigente político, pero también un abogado que defendió trabajadores. Fue radical, pero construyó vínculos con dirigentes y sectores de otras tradiciones. Fue periodista, pero utilizó esa actividad como espacio de debate político. Fue un militante universitario, pero llevó sus preocupaciones mucho más allá de la Universidad.

Y fue, fundamentalmente, un hombre que decidió involucrarse en la defensa de quienes estaban siendo perseguidos cuando hacerlo implicaba asumir un riesgo personal enorme.

Medio siglo después de su asesinato, La Plata volvió a reconocerlo como ciudadano ilustre.

Pero antes que un título honorífico, su historia deja una pregunta que sigue teniendo vigencia: qué significa comprometerse con la democracia cuando defenderla deja de ser una consigna y se convierte en una forma de vida.

Karakachoff eligió ese camino. Y lo hizo hasta las últimas consecuencias.

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