Crónicas del mundo
Singapur: el barrio chino y el barrio indio
Por Silvia Franchi
Los orígenes de Singapur se remiten al siglo XIV aunque recién en 1613 los piratas portugueses fundaron el primer puerto. En 1819 el inglés Thomas Raffles construyó un puerto británico que permitió que la isla se convirtiera en un importante centro comercial con India y con China, convirtiéndose en una eminente ciudad portuaria.
La fundación del puerto y el inicio de la ciudad atrajo a migraciones provenientes mayoritariamente de China, Malasia e India, inmigrantes que vinieron a buscar nuevos horizontes y que lograron que este país creciera sin pausa, apuntando al bienestar, la educación, la prosperidad y la ecología. La calidad de vida se respira en las calles, el respeto, la amabilidad de su gente, la pulcritud, un lugar para disfrutar del cuidado que brindan al visitante.
Visitaremos en primer lugar el Barrio Chino o China Town, al que se puede llegar fácilmente en subterráneo. De pronto aparece la expresión total de la cultura china, calles plagadas de pequeños comercios que ofrecen una diversidad de mercadería, ropa, artículos de decoración, vajilla, souvenirs, etc., que provienen de China y puestos callejeros donde nunca faltan las frutas y las hortalizas a precios muy accesibles.


La edificación es colonial, ya que alude a que fue el primer asentamiento de chinos en Singapur. Hay un museo que vale la pena visitar, que es el de la Herencia Cultural China, en donde se exhiben testimonios de cómo llegaron los primeros colonos, con una maleta pequeña y todo por construir. Hay fotografías muy interesantes acerca de aquellos momentos, en los que la educación fue prioritaria y fundante.



La visita al nuevo Templo Budista, denominado Templo con diente de Buda, es digna de realizarse, pese a la enorme cantidad de gente que lo visita. Se inauguró en 2012, cuenta con cinco plantas y se nota que ha habido una inversión muy grande. La ornamentación es profusa así como el colorido de sus muros; las paredes están cubiertas por cientos de pequeñas imágenes de Buda. Se debe ingresar descalzo, porque es un lugar de profunda fe religiosa.


En la planta baja se ingresa a un lugar de oración con una ornamentación que expresa agradecimiento y adoración.


Hay esculturas de monjes budistas realizadas en cera que lucen perfectas.



En la planta superior hay un jardín exterior increíble, en donde se respira paz y armonía. El templo es un espacio de culto fiel a sus principios y creencias. Los sermones apuntan a que los fieles tengan un comportamiento pacífico y solidario, así como el pedido de los creyentes está dirigido a la salud y la prosperidad, así como a ahuyentar el mal.
Continuamos nuestro recorrido y visitaremos un templo hindú, Sri Mariamman en medio del Barrio Chino, otro espacio de culto al que acuden los habitantes de origen indio, realizado con una gran ornamentación que expresa las premisas de la religión hindú.


Se estaba realizando la ceremonia de una boda de culto, en la que los novios, los familiares y allegados ingresan con música, portando ofrendas que consisten de flores y frutas. Expresan gran alegría por el evento; la celebración de las bodas de los indios suelen durar una semana, con gran oferta de comida y reunión con los más cercanos. La vestimenta es típica de la cultura india; lucen túnicas de seda y las mujeres se envuelven en saris.


Nuestro próximo destino es el Barrio Indio o Little India, adonde nos adentramos en este asentamiento en donde se expresa la cultura, la comida y el comercio indio en todo su esplendor. Es un barrio muy colorido ya que los muros, las puertas y ventanas se pintan de colores que transmiten alegría.

La edificación también es colonial, ya que aquí se asentaron los primeros inmigrantes provenientes de India. Tanto el Barrio Chino como el Indio contrastan con la edificación moderna y vanguardista que se ve en el centro de la ciudad.

Por supuesto, en algún momento del día va a llover y así fue, cayó una cortina de agua, aunque “al mal tiempo, buena cara”. Aprovechamos la ocasión para almorzar y tomar una infusión de té o café.

Camino de regreso al centro de la ciudad, nos topamos con la escultura de Raffles, el fundador oficial de Singapur, con el edificio de la ópera y con iglesias cristianas, como la de Lourdes y San Andrés. El movimiento cristiano está creciendo en este país.




Finalizando el día podemos darnos una vuelta para visitar algún centro comercial de la Avenida Orchard y realizar un paseo, hacer compras y cenar. La oferta es asombrosa. Singapur invita al consumo, de hecho es un país con buen poder adquisitivo y la gente no se priva de nada. Los shoppings son lujosos, tienen muchos pisos con todo tipo de comercios, que venden electrónica, indumentaria, calzado, vajilla, y no faltan las marcas más suntuarias. Hay muchos restaurantes y patios de comidas. Algo que resalta es el desarrollo de la cosmética y las fragancias, existen grandes perfumerías muy atractivas, que denotan que las orientales no se privan de productos de maquillaje, máscaras faciales, perfumes y miles de cosméticos. También hay oferta para la población masculina.


Nos despedimos de Singapur, un país pequeño y enorme, según cómo lo veamos y nos llevamos un bello recuerdo de una cultura que tiene tanto para brindarnos.