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Una investigación de la UNLP y el CONICET pone números a la desigualdad en el Gran La Plata

Una investigación de la UNLP y el CONICET pone números a la desigualdad en el Gran La Plata
Luciano Neder
01 Sep, 2026

Un libro coordinado por investigadores de la Universidad Nacional de La Plata y el CONICET analiza la pobreza, los barrios populares, la alimentación, el trabajo, la educación y la brecha digital en La Plata, Berisso y Ensenada. El estudio abarca el período 2015-2023 y revela cómo las desigualdades se superponen dentro de la región.

La pobreza, el acceso a los alimentos, las condiciones laborales, la educación y hasta la posibilidad de trabajar desde casa no se distribuyen de la misma manera en el Gran La Plata. Un libro elaborado por investigadores de la Universidad Nacional de La Plata y el CONICET reconstruye esa realidad a partir de datos y estudios realizados durante los últimos años.

La publicación, titulada “Gran La Plata. Heterogeneidad social, conflictos sociopolíticos y políticas públicas en territorio bonaerense”, fue coordinada por Gloria Chicote y Antonio Camou y reúne investigaciones que analizan distintos aspectos de la vida social de La Plata, Berisso y Ensenada entre 2015 y 2023.

Uno de los trabajos incluidos en el libro utiliza una encuesta realizada en 2022 a 500 personas mayores de 18 años residentes en hogares urbanos del Gran La Plata. El diseño probabilístico permitió proyectar sus resultados al conjunto de la población adulta de la región.

Uno de los datos más fuertes surge de la situación económica de los hogares. Durante el segundo semestre de 2022, 319.317 personas del Gran La Plata se encontraban en situación de pobreza, equivalente al 34,8% de la población.

Dentro de ese universo, 82.439 personas —el 9%— estaban en situación de indigencia.En términos de hogares, el relevamiento contabilizó 85.675 hogares pobres, que representaban el 25,9% del total. A su vez, 19.502 hogares estaban por debajo de la línea de indigencia, equivalente al 5,9%.

Estos datos funcionan como punto de partida para analizar otra problemática estrechamente vinculada con los ingresos: el acceso a los alimentos.

La desigualdad también tiene una expresión concreta sobre el territorio. El estudio identifica una importante presencia de barrios populares en distintos sectores de La Plata, Berisso y Ensenada, donde se combinan problemas de infraestructura, acceso a servicios, condiciones ambientales y precariedad habitacional.

Uno de los casos destacados es Puente de Fierro, en Altos de San Lorenzo. Según los datos analizados por los investigadores, el asentamiento contaba con 1.551 hogares y se extendía sobre unas 52 manzanas.

La vulnerabilidad tampoco se concentra en un único sector. El libro identifica situaciones complejas en áreas de Berisso, Ensenada, Villa Elvira y Altos de San Lorenzo, pero también en Los Hornos, San Carlos, Melchor Romero y diferentes sectores del periurbano platense.

La conclusión es clara: las condiciones de vida están fuertemente vinculadas con el lugar en el que vive cada familia.

La situación económica también se refleja en el crecimiento de los espacios de asistencia alimentaria.

El relevamiento detectó un aumento tanto de los lugares destinados a distribuir alimentos como de la cantidad de personas que concurrían a ellos. Si bien el fenómeno era anterior, se profundizó durante la pandemia.

El 35,6% de los sitios relevados había comenzado a funcionar entre 2015 y 2019, mientras que otro 23,2% comenzó sus actividades desde 2020.

La demanda también aparece reflejada en la cantidad de personas atendidas: el 46% de los espacios recibía a más de 100 personas.

Además, 35 sitios distribuían alimentos entre tres y cinco veces por semana. En casi el 60% de los casos se entregaban viandas con comidas elaboradas, mientras que 24 espacios también repartían bolsones o paquetes de alimentos sin elaborar.

La red de asistencia se convirtió así en una herramienta fundamental para sostener la alimentación cotidiana de una parte de la población.

La investigación incorpora además una dimensión que suele quedar oculta detrás de los números de pobreza: la calidad de la alimentación.

Según el relevamiento, poco más de una cuarta parte de los hogares había tenido un almuerzo nutricionalmente adecuado. En cambio, el 47% presentaba una alimentación regular o levemente incompleta.

En más del 20% de los hogares se detectaron deficiencias importantes durante el almuerzo, particularmente vinculadas con la ausencia de carne.

Los investigadores advierten que la inadecuación del almuerzo había aumentado respecto del relevamiento realizado en 2016. La cena presentaba mejores resultados: alrededor del 36% de los hogares tenía una composición considerada adecuada.

El problema, entonces, no se reduce a la posibilidad de conseguir alimentos, sino también a poder acceder a una dieta variada y nutricionalmente suficiente.

El libro también permite observar las consecuencias económicas y laborales de la pandemia.

En la encuesta realizada en 2022, el 42,3% de los hogares señaló un impacto negativo sobre la economía familiar, mientras que el 34,7% mencionó consecuencias sobre el trabajo y el 30,7% sobre las relaciones familiares.

Entre los hogares cuyo principal sostén había perdido su empleo, el impacto fue todavía mayor: el 83,3% evaluó negativamente las consecuencias sobre el trabajo y el 86,5% sobre la economía familiar.

Pero las diferencias sociales también determinaron quiénes pudieron continuar trabajando durante el aislamiento.

Apenas el 17,8% de los principales sostenes de hogar realizó teletrabajo, de manera total o parcial. Entre quienes tenían un nivel educativo alto, esa proporción alcanzaba el 32%.

El hogar también determinó quién podía hacer teletrabajoIncluso entre quienes pudieron trabajar de manera remota, las condiciones no fueron iguales.

El 69,7% contaba con un ambiente adecuado y de uso exclusivo para desarrollar su actividad laboral, mientras que otro 9,6% disponía de un espacio apropiado pero compartido.

El 19,7% restante no tenía un ambiente adecuado para trabajar. La conectividad también marcó diferencias: el 16,4% de quienes realizaron teletrabajo no contaba con una conexión a internet adecuada.

De esta manera, mantener un empleo durante el aislamiento dependió no solamente del tipo de actividad laboral, sino también de las condiciones materiales de cada vivienda.

Otro de los capítulos analiza las desigualdades digitales y plantea que la brecha tecnológica no puede medirse únicamente por la disponibilidad de dispositivos o de una conexión a internet.

Los investigadores encontraron diferencias entre jóvenes de distintos sectores sociales en relación con sus experiencias y aprendizajes vinculados con las tecnologías.

En los hogares de sectores medios y altos, el contacto cotidiano con adultos que utilizaban herramientas digitales en trabajos profesionales formaba parte de la experiencia familiar. En sectores populares, esas experiencias eran menos frecuentes durante la infancia.

La diferencia puede traducirse posteriormente en oportunidades desiguales para desarrollar conocimientos, habilidades y usos más complejos de las tecnologías.

La desigualdad también aparece en el sistema educativo. El libro analiza la expansión y distribución de las escuelas privadas en La Plata y el Gran La Plata y encuentra una fuerte presencia de estas instituciones en el norte de la ciudad, una zona donde también se concentran sectores de mayores ingresos.

Los investigadores plantean que la elección de determinados circuitos educativos por parte de sectores medios y medios-altos puede funcionar como una forma de distinción social.

Así, la desigualdad no se limita al dinero disponible en cada hogar. También puede observarse en las escuelas a las que concurren los chicos, los vínculos sociales que construyen y las oportunidades educativas a las que acceden.

La principal conclusión de la investigación es que la desigualdad del Gran La Plata no puede entenderse a partir de un único indicador.

La pobreza se relaciona con el acceso a los alimentos; la alimentación está vinculada con los ingresos y el territorio; el territorio condiciona las condiciones habitacionales y ambientales; y las posibilidades económicas también repercuten sobre el trabajo, la educación y el acceso a las tecnologías.

El resultado es una región profundamente heterogénea, donde las diferencias aparecen tanto entre La Plata, Berisso y Ensenada como dentro de cada municipio.

Los datos corresponden principalmente a relevamientos realizados entre 2022 y 2023 y permiten observar las condiciones de vida posteriores a la pandemia. Sin embargo, el trabajo también advierte que buena parte de estas desigualdades ya estaba presente antes de 2020.

Más que una fotografía aislada, el libro propone entender al Gran La Plata como un territorio donde las desigualdades económicas, sociales, educativas, laborales y territoriales se superponen y se reproducen, dejando consecuencias concretas en la vida cotidiana de cientos de miles de personas.

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