Editorial

“El día después”

“El día después”
Azul Peluso
23 Jul, 2026

Finalizó el mundial, para muchos, hace rato, para nosotros hace unas horas, la sensación de vacío, de desazón, está a flor de piel, lo vimos en las calles el domingo a la noche.

Por la Dra. Gabriela Renault, decana de la Facultad de Psicología y Psicopedagogía, de la Universidad del Salvador, Lic. en Psicología y Lic. En Psicopedagogía, Dra. en Psicología y Dra. en Educación, docente universitaria, investigadora y analista.

Vivimos de emociones, tuvimos el corazón en la boca, durante 38 días.

Muchas son las razones, para sostener que elegimos creer, que no todo estaba perdido, que lo importante era llegar, que podíamos caernos y levantarnos a los minutos, que lo imposible, casi se hizo posible, si hay grupalidad, que la misma funciona si cada miembro del equipo pone lo suyo.

Aprendimos que la palabra asistencia, tiene mucho peso, porque puede convertirse en gol, o sea que para triunfar es entre todos.

Sostengo que lo importante fue llegar, que a la vida se la vive en comunidad, que hoy podemos remontar nuestro sentimiento, como los remontamos en los partidos que creíamos que estábamos afuera, estamos adentro de los mejores, Argentina, es el único país, fuera de los europeos que llego a la meta del resto del mundo.

Creo que la palabra más fuerte, fue esperanza, la que nos movilizó, la esperanza de lograr un objetivo nos lanzó, a pensar que, por un instante, 47 millones éramos uno, pudimos casi pensar que un presente que no sueña, no genera nada nuevo, queda claro que los goles los metimos todos, pero también las pérdidas son de todos, casi todos hoy somos directores técnicos, jugadores, periodistas, psicólogos, etc. Pero lo mejor fue nuestro poder de hinchada, de estar en los estadios con nuestra camiseta, como si fuera nuestra casa.

Repetimos cábalas, las compartimos, nos jugamos por los colores, cuando en muchas fechas patrias ni los recordamos.

Creo que escribimos, parafraseando a Martín Luther King al decir “Con esta fe en esta selección seremos capaces de tallar en la montaña de la desesperación, cuando íbamos perdiendo, una roca de esperanza”.

 Pero cuando soñamos despiertos, la esperanza genera visiones y estimula la imaginación y ahí el equipo en varios partidos pudo sacar la fuerza para que en el minuto 78, cambiara el resultado, o en el minuto 86 ante los ingleses, cambiara la historia, ante una Inglaterra que le ganara a Francia 6 a 4, en ese momento nuestro corazón volvió a latir, pero con el aprender a cuidarnos de los infartos, quizás aumentaron nuestras ilusiones y quisimos más.

Con ansias de gloria, de cuarta, nos perdimos que lo importante era llegar.

Pero que esperanza aprendimos, la que sabemos que no es optimismo, la que no consiste en el convencimiento de que algo saldrá bien, sino de la certeza que algo tiene sentido, el sentido que quizás al perder, vimos que no fue tan sólido, porque caímos en el desánimo.

La esperanza tiene sentido, al margen de como sea el resultado, porque la verdadera espera, es dar lugar al nacimiento de algo nuevo, vivimos lo real de la vida, que la esperanza vincula, quizás eso no lo aprovechamos, la fe que nos vinculó, nos unió, en un solo grito.

Tenemos que saber perder, que no es resignarse a que el resultado no fue, o desandar lo andado, es no dejarle paso a la angustia, porque la misma, provoca alienación, soledad, aislamiento, desamparo y desconfianza.

Heidegger, filósofo alemán, en un fragmento de “ser y tiempo”, dice “A diferencia del miedo que refiere a un mal futuro, la esperanza se define como un buen futuro.

La fórmula básica de la esperanza es confiar, en la misma el centro no es el ego.

Dice el poeta Gabriel Marcel, “Pensando en nosotros, he puesto mis esperanzas en ti”, el yo se convierte en nosotros.

Quien no sea capaz, de dejar de pensar en sí mismo, no podrá amar, ni tener esperanza.

Por ende, porque quedó atrás, el sentido de ser campeones, el trabajo en equipo, el ver a 11 tirar para el mismo lado, ningún jugador puede ganar por sí solo, nadie puede llegar al éxito solo.

Aprendimos disciplina y sacrificio, 4 años de preparación para jugar 8 partidos.

Hubo 48 selecciones, hubo diferentes culturas, hubo historias en cada jugador, selección, hinchada.

Vimos jugadores que de un potrero a un estadio mundialista llegaron, tras esfuerzo, pero empujados por el sueño de muchos.

Ahora que terminó el mundial, ¿que el resultado no fue el esperado o el soñado?, ¿qué hacemos con todas esas vivencias?, ¿porque destruir lo logrado, porque no celebrar lo alcanzado?

Byunh-chul han propuso en su libro “El Espíritu de la Esperanza “Contra la sociedad del miedo 2024, el que reflexionemos, que elijamos que esperanza queremos seguir, ¿si la pasiva, débil, inactiva o la esperanza activa y fuerte?

Lo que terminó fue el mundial, fueron los 38 días, que tuvimos objetivos, programas, juntadas, cábalas, sueños compartidos, temas de conversación. Pero no termino, lo aprendido, no podemos destruir las emociones alcanzadas, nuestros colores, nuestra bandera sigue, nosotros somos la historia, que, si eran campeones o lo somos por todo lo logrado, depende de nosotros, no solo de un resultado, que de por si es glorioso, como negarnos a pensar que somos los mejores en poder llegar, contra todo pronóstico y contra toda esperanza.

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