Sociedad
El Niño: qué es, qué puede provocar y por qué no significa que habrá temporales todos los días
En las últimas semanas creció la preocupación por la posible llegada de un evento fuerte de El Niño y sus efectos sobre las lluvias en la región. Sin embargo, el fenómeno no implica que cada tormenta vaya a ser severa ni que se produzcan inundaciones de manera permanente. Qué significa realmente y qué se puede esperar durante los próximos meses.
El fenómeno de El Niño comenzó a hacerse presente nuevamente y los pronósticos anticipan un importante lugar durante los próximos meses. De acuerdo con los últimos datos analizados por especialistas, existe un 63% de probabilidad de que alcance una intensidad muy fuerte entre noviembre de 2026 y enero de 2027.
Ante la posibilidad de un evento fuerte, también crecieron las advertencias y, en algunos casos, los mensajes alarmistas sobre la posibilidad de que la región atraviese una sucesión de temporales. Pero ¿qué es realmente El Niño y qué efectos puede tener?
La primera aclaración es que El Niño no es una tormenta ni un evento meteorológico puntual. Se trata de un patrón climático de gran escala que se origina por un calentamiento anómalo de las aguas del océano Pacífico ecuatorial y que modifica la circulación de la atmósfera a nivel global durante varios meses.
Por eso, sus efectos no pueden asociarse a un único día de mal tiempo. El fenómeno modifica las condiciones generales de la atmósfera y puede favorecer determinados patrones de temperatura y precipitaciones en distintas regiones del planeta.
Uno de los principales puntos para entender el fenómeno es diferenciar mayor cantidad de precipitaciones de mayor cantidad de tormentas severas. Bajo condiciones de El Niño, la atmósfera puede presentar una mayor disponibilidad de humedad, generando un escenario más favorable para que las lluvias sean más frecuentes y para que los acumulados durante determinados períodos superen los valores habituales.
Eso no significa, sin embargo, que cada episodio de lluvia vaya a convertirse en un temporal destructivo .Durante un período más lluvioso pueden registrarse jornadas con lloviznas, otras con lluvias persistentes y también algunas tormentas fuertes. La presencia de El Niño aumenta las probabilidades de determinados escenarios de precipitación, pero no garantiza desastres diarios.
La intensidad de cada episodio dependerá, además, de las condiciones meteorológicas particulares que se presenten en cada jornada.
Los modelos climáticos utilizados para analizar el escenario previsto hacia fin del invierno y durante la primavera proyectan, bajo un evento de El Niño consolidado, acumulados que podrían ubicarse entre un 40% y un 65% por encima de los valores normales durante los próximos meses.
Llevado a valores regionales y tomando como referencia los próximos cuatro meses, esto podría representar entre 160 y 260 milímetros adicionales respecto de la media, según las estimaciones mencionadas.
El dato importante no es solamente cuánto puede llover en un día determinado, sino cómo se distribuyen las precipitaciones a lo largo del período.
Una sucesión de jornadas lluviosas puede generar un efecto acumulativo: si el suelo recibe agua de manera frecuente, disminuye progresivamente su capacidad para absorber nuevas precipitaciones. En esas condiciones, una lluvia que por sí sola no sería extraordinaria puede generar mayores dificultades para drenar el agua.
El rol de los desagües, zanjas y arroyos
En este escenario, la infraestructura de drenaje adquiere una importancia todavía mayor.
Mantener desagües, zanjas, canales y arroyos limpios y en condiciones permite mejorar la capacidad de escurrimiento cuando se producen lluvias importantes o cuando el suelo ya se encuentra saturado.
Por eso, frente a una temporada que podría presentar precipitaciones superiores a las habituales, la prevención no depende solamente de anticipar cuándo llegará una tormenta.
También resulta fundamental reducir los factores que pueden agravar sus consecuencias.
El Niño permite anticipar un escenario climático general, pero no determinar con meses de anticipación qué día habrá una tormenta severa, dónde se producirá ni qué intensidad tendrá.
La diferencia es importante: un pronóstico climático puede señalar una mayor probabilidad de lluvias por encima de lo normal durante una temporada, mientras que los pronósticos meteorológicos de corto plazo son los que permiten advertir sobre tormentas, lluvias intensas o condiciones adversas concretas.
Por eso, la llegada de El Niño no debería interpretarse como una sucesión inevitable de temporales.
El escenario que se abre para la región es, en principio, el de una mayor probabilidad de precipitaciones y acumulados superiores a los habituales. La magnitud de cada episodio dependerá de la evolución de las condiciones atmosféricas.
La clave estará entonces en combinar información climática, pronósticos meteorológicos y medidas de prevención para atravesar los próximos meses con la menor cantidad posible de inconvenientes.